Una ruta por Uzbekistán

Uzbekistán no es un país enorme pero tampoco es pequeño, y tiene muchas cosas que ver. Además, la capital, a la que hay que volar obligatoriamente puesto que en ella se encuentra el aeropuerto internacional, no está en el centro del país precisamente, lo que complica un poco la planificación de la ruta. Aquí os proponemos una ruta para unos 10 días, pero evidentemente todo es adaptable. Tendréis que quitar o poner según lo que queráis ver y el tiempo que tengáis. Si teneís alguna duda, escribnos a hola@destinazos.com y estaremos encantados de ayudaros.

Día 1: Tashkent, ciudad soviética

Llegamos a Tashkent, la capital del país. Y no, no es una ciudad bonita: es la más soviética, gris e industrial de todas, así que no merece la pena pasar en ella más de una noche. Pero ojo, eso no significa que no tenga nada, y de hecho, como estaremos recién llegados al país y no somos conscientes de todo lo que está por venir, habrá muchas cosas que nos gustarán mucho (lo que no sabemos aún es que serán superadas varias veces en las próximas ciudades).

Un niño camina por el complejo arquitectónico Hastilmam, en Tashkent, Uzbekistán

Os hacemos un resumen de lo que debéis ver el la capital. Primero, id al complejo arquitectónico Hastilmam, construido en honor al primer Imán de la ciudad, y que es bastante bonito. Id también a la Madraza Kafal Shohi y a la Madraza Kukeldash, que tiene la particularidad de ser de las pocas Madrazas del país en las que se sigue practicando la actividad para la que fue concebida: enseñar el Corán. También podéis acercaros al Bazar Chorsu, a tomarle un pulso a la vida local en la capital uzbeca.

En general, las distancias en la ciudad son cortas y se pueden hacer a pie, pero si no, recordad que Tashkent tiene metro, así que podéis utilizarlo para moveros. De hecho, aunque no queráis utilizarlo para ir a ningún sitio concreto, os recomendamos bajar a verlo: es memoria viva del pasado soviético de la ciudad, y de hecho, todavía hoy no se pueden hacer fotos dentro, ya que el Gobierno cree que puede ser un lugar de refugio en caso de ataque.

Merece la pena visitar también el Museo de las Artes Aplicadas, una visita amena que tiene estancias muy bonitas. Y ya si os quedan tiempo y ganas, y por pasear un poco y conocer más de la ciudad, podéis acercaros a las plazas de la Independencia y a la de Amir Temur (también conocido como Tamerlán, se considera el fundador de la patria, y aunque su pasado es oscuro y tirano, hoy es un héroe nacional). No son especialmente bonitas pero nos sumergen en la realidad de esta ciudad. Cuando hayamos acabado, al hotel, que mañana nos vamos a Khiva.¡Viva!

Día 2: El embrujo de Khiva

Nos vamos a la otra punta del país. Para ello, cogeremos el avión. Hay un vuelo directo dos veces al día desde Tashkent hasta Urgench,el aerpuerto más cercano a Khiva (que se pronuncia Jiva). Aviso: los uzbecos son gente que se toma sus tiempos para hacer las cosas, y cuando se trata de trámites, se lo toman con calma, así que recomendamos ir al aeropuerto con tiempo suficiente.

El vuelo tarda algo más de hora y media, y cuando lleguemos habremos aterrizado en Urgench, que está como a unos 40 km de Khiva, lo que hace que tengamos que tomar un taxi. En principio, no debería salir muy caro, pero acordáos de regatear.

Y una vez en Khiva, manos a la obra, porque no hay tiempo que perder: esta maravillosa ciudad que parece salida de uno de los cuentos de las Mil y una Noches nos está esperando. Lo más interesante de la ciudad es Itchan Kala, el barrio histórico, protegido por esas murallas de piedra de doce metros de altura y hasta seis de anchura que sin duda debemos recorrer.

Todo lo que hay que ver en Khiva está bastante cerca, así que empezaremos por uno de sus puntos más emblemáticos: el minarete Kalta-Minor, una bella e inacabada torre revestida de preciosos azulejos. Y a partir de ahí hay que echarse a andar, porque pasear es en sí una actividad en sí misma si estás en Khiva, que parece en realidad un museo al aire libre.

La siguiente parada puede ser la Mezquita Juma, con su precioso patio de columnas de madera y como punto final a este día podemos contemplar el atardecer desde el Minarete de Islam Khodja, al que se puede subir, pero ojo, advertimos, la subida es dura, aunque merece la pena.

Día 3: Más Khiva

Volvemos a despertarnos en esta bonita ciudad, hoy es nuestro último día, hay que aprovecharlo. Empezaremos la jornada visitando el Palacio de Tosh-Hovli, construido entre 1832 y 1841, y que tiene más de 150 dependencias, algunas muy lujosamente decoradas. Tras esto, nos iremos al Mausoleo de de Pahlavan Mahmud, un filósofo y poeta muy venerado en Khiva. Es una de las visitas más bonitas de la ciudad. La cúpula turquesa de estilo persa bajo la que está el sepulcro del sabio es fantástica. Entre medias podemos callejear, ver tiendas, y lo dicho, pasear, impregnarse de la realidad de esta ciudad de postal. Y al atardecer conviene visitar la fortaleza Kunya Ark, desde donde se admiran unas preciosas vistas de la ciudad. La imagen perfecta para despedirnos de Khiva.

Opcional: extensión al Mar de Aral

Para aquellos que estéis interesados en ver con vuestros propios ojos uno de los mayores desastres ecológicos de la historia, éste es el momento. El Mar de Aral pilla ya en la frontera con Kazajistán y, por tanto, queda bastante alejado de todo, pero si queréis verlo, hay que partir desde Khiva. Es difícil, porque habría que, o bien añadir más tiempo al viaje o bien sacrificar las visitas a otras ciudades, pero se puede hacer. Si tenéis dudas, podéis escribirnos a hola@destinazos e intentaremos ayudaros.

Día 4: Carretera y manta para Bukhara

Plaza de Poi-Kaylan, en Bujara, al atardecer

Hoy será un día duro. Tenemos que llegar a Bukhara (se pronuncia Bujara), que está a más de 400 kilómetros de Khiva, y no, esta vez no hay vuelo directo. Sólo hay un vuelo que conecte ambas ciudades, pero es una vez a la semana y en temporada alta. Pero, quién sabe, igual tenéis suerte y os coincide con vuestro viaje. Podéis consultardo en la web oficial de Uzbekistán Airways.

Si no tenemos la opción del vuelo, no nos queda otra que hacer el trayecto en coche. Para contratar el coche, que recordad que os saldrá más barato si es compartido, preguntad en vuestro hotel o en la oficina de información turística (esto conviene que lo hagáis no esa misma mañana, sino a ser posible nada más haber llegado a Khiva días antes) por un coche compartido a Bukhara.

Y básicamente eso es lo que haremos ese día: ir en coche, son unas siete horas de coche sin paradas, así que en realidad serán algo más porque, lógicamente, hay que parar a descansar. Llegaréis por la noche a Bukhara. Si tenéis la tremenda suerte de llegar por la tarde, dirigios a la plaza principal (Po i Kalon), para ver en las cúpulas azules reflejarse los colores del atardecer, pero si no, nos os preocupéis: en los próximos días vais a pasar muchas veces por ahí, y tendréis ocasión de contemplar el atardecer.

Día 5: Bukhara por fin

Llegó el momento. Por fin conocemos Bukhara. Esperamos no haberos creado demasiadas expectativas y que al final la ciudad os decepcione, pero es que a nosotros nos gustó taaaaanto….

Mausoleo de Isail Samani

En fin, ¡empecemos! Bukhara, a pesar de ser pequeñita tiene bastantes cosas que ver. Lo bueno es que está todo muy cerca y se puede hacer a pie sin problemas. Y otra cosa muy importante: como también sucedía en Khiva, en Bukhara es muy importante que paseéis, que paséis por los mismos sitios a distintas horas, que charléis con los locales, que siempre estarán dispuestos a ser amables, y en definitiva, que vayáis encontrando los rincones de la ciudad…

Empezaremos la mañana visitando el Mausoleo de Ismail Samani, construido entre los años 892 y 943 para albergar la sepultura de Ismael Samani, un poderoso emir de la dinastía Samanid, una de las primeras que gobernó Asia Central. Es muy curioso porque el Mausoleo tiene símbolos zoroástricos (el zoroastrismo es la religión que profesaban los uzbecos antes de que llegara al país el Islam). Muy cerca de éste está el Chashma-Ayub Mausoleum, más conocido como La fuente de Job. Cuenta la leyenda que Job creó un pozo de agua con sólo un golpe de bastón. A día de hoy, se considera que el agua tiene propiedades curativas.

Tras esta sesión de espiritualidad, nos vamos a ver uno de los enclaves más bonitos de Bukhara, también muy espiritual: la Mezquita Bolo Hauz, construida en 1718. Su fachada, llena de columnas de madera policromada, es una preciosidad que alegra la vista. Muy pero que muy bonita. Y con eso hemos de quedarnos, ya que, en principio la entrada está prohibida para no musulmanes, aunque lo cierto es que cuando nosotros fuimos tuvimos la suerte de que nos dejarán entrar, aunque creemos que esto no es lo común. Ya nos contaréis. En cualquier caso, y aunque sea sólo por ver la fachada, la Mezquita merece la pena y mucho.

Vista de la fachada de la Mezquita Bolo Hauz, en Bujara

Justo frente a la Mezquita tenemos La Ciudadela, que visitaremos a continuación. Atravesaremos sus gruesas murallas y entraremos en la construcción más antigua de la ciudad. Daremos un paseo por ella, y a continuación, saldremos de nuevo para dirijirnos hacia la joya de la corona de Bukhara: el complejo Poi Kaylan, la plaza de la ciudad.

Da igual cómo te la hubieras imaginado, da igual que ya la hubieras googleado para ver cómo era: es imposible no sorprenderse ante la imagen de esas inmensas cúpulas color turquesa sobre las que, si tenemos suerte, se reflejará el brillo del sol. Cuando llegas aquí, entiendes por qué llaman a Uzbekistán “el país de las cúpulas azules”. El complejo está formado por la Madraza Mir-i-Arab (que no es visitable, puesto que todavía se usa como escuela coránica), la Mezquita Kalon y el Minarete Kalyan. La belleza de los tres es infinita.

Vista de la plaza principal de Bukhara, Uzbekistán

Recomendamos tomarnos un tiempo en la plaza, quedarnos reclinados admirando su belleza, el color de sus azulejos. Os recomendamos muy fervientemente que paséis varias veces por aquí a lo largo del día. Veréis como, por ejemplo, la luz del atardecer cambia sus colores, y el reflejo de las cúpulas ya no es tan turquesa sino más bien morado. Es álgo mágico.

Exterior de la Mezquita Magoki Attory, en Bukhara
Después de esto, podemos visitar la céntrica céntrica Mezquita Magoki Attory, que es nada más y nada menos que la más antigua de Asia Central, construida sobre los restos de un templo zoroástrico del siglo V. Tras ella, quizás nos apetezca desconectar un poco de tanta visita y dedicar un par de horas a hacer compras. Bukhara es la mejor ciudad de Uzbekistán para hacer compras, así que, si veis algo que os guste, aprovechad. Eso sí, no os olvidéis de retaear. En la calle que está justo antes de entrar a la Plaza suele haber unas señoras con puestos de cerámica en el suelo, y después también debéis ir al mercado Toki Zargaron y a las Madrazas de Ulughbek y Abdullazozkan, situadas una frente a la otra y llenas de tiendas.
Fachada de la Madraza Ulughbek, en Bukhara

Día 6: Los alrededores de Bukhara

¡Segundo día en Bukhara! Hoy es un día donde tendremos que hacer dos desplazamientos, ya que vamos a ver un par de cosas que están cerca de Bukhara pero no están en el centro centro. Podemos, o bien negociar con un taxi la visita a los dos sitios, o bien ir a uno y otro por separado utilizando marshrutkas.

Vista de algunas de las tumbas del complejo funerario Chor Bakr, en Bukhara
La primera visita sería el complejo funerario del Santo Bahouddin Naskshbandi, el primer sufí y un sitio bastante sagrado en Bukhara (se supone que visitarlo siete veces equivale a ir una vez a la Meca), donde se entremezclan tradiciones religiosas con supersticiones. Si decidimos ir en marshrutka, hay que coger la número 125 (calle Mustaquilik). También se puede negociar un transporte con el hotel, aunque esto saldrá más caro, claro.

La segunda visita del día es el complejo funerario Chor Bakr, una necrópolis situada a 6 km del centro de Bukhara que merece mucho la pena. Es un lugar bastante especial, y al menos cuando nosotros fuimos no estaba muy transitado. Aprovechad para ir recorriendo todos sus escondrijos, subiendo todas sus escaleras para subir a las azoteas de las edificaciones. Tendréis unas vistas muy bonitas y os saldrán unas fotos estupendas.

Ya de vuelta a Bukhara, pasaremos la tarde despidiéndonos la ciudad, volviendo a recorrer nuestros rincones favoritos, revisitando las tiendas. Pero antes de eso iremos a la Plaza del Embalse, conocida como Lyabi Hauz, una plaza muy agradable donde los locales acuden a pasar la tarde. En la plaza, no olvidéis acercaros a la Madraza de Nadir-Divan-Begi, famosa por los preciosos pavos reales en su fachada.

Algunas de las marionetas expuestas en una tienda de Bukhara
Para rematar la tarde, podéis relajaros mientras cae la luz tomando un té en uno de los varios “sufás” (una especie de camas de madera muy típicas en el país con una superficie en el centro sobre la que se coloca la comida o bebida) que una cafetería tiene situados frente al enlace. Y lo dicho, a despediros de Bukhara, guardad en las retinas toda su belleza…

Y como inciso, os haremos una recomendación personal: muy cerquita de la Plaza del Embalse, a menos de cinco minutos andando, en la calle Mekhtar Anbar, tenéis una tienda de marionetas hechas a mano (las marionetas son típicas del país, más información en nuestra sección de compras) que es una auténtica joya. La tienda es además un taller que a ciertas horas (y previo pago de una entrada) se puede visitar. Nosotros no pudimos ver el taller, porque cuando llegamos estaba ya casi cerrando, pero sí ver la tienda en sí, que es una preciosidad. Las marionetas son cada una una pequeña obra de arte, y la forma en la que el dueño las enseña es muy especial. Las marionetas son bastante caras, eso sí, pero la verdad es que como recuerdo del país es perfecto, y además el dueño se esfuerza en buscarte una marioneta que “se parezca a tí”. Es muy gracioso, ya nos contaréis si vais a verla.

Día 7: La ciudad de Tamerlán

Hoy nos levantamos en Bukhara y dormiremos en Samarcanda. Por el camino iremos a Shahrisabz, la ciudad natal de Tamerlán, conquistador, líder militar y considerado a día de hoy el fundador del país, a pesar de su tenebroso pasado represivo.

Hoy será un día de mucha carretera. Hasta Shahrisabz hay 270 km, lo que son unas cinco horas de viaje. La mejor opción para ir sería un taxi compartido.

Ruinas del Palacio Ak-Saray, la residencia de verano de Tamerlán, en Shahrisabz, Uzbekistán
Una vez estemos en Shahrisabz, hay un par de cosas que debemos ver antes de contemplar las majestuosas ruinas del Palacio de verano de Tamerlán. Una es la Mezquita de Kok Gumbaz, cuya cúpula azul llama la atención desde el primer momento, y la de Dor-ut Tillovat.

Y de ahí ya sí que sí, nos vamos a las ruinas del Palacio Ak-Saray, la que fuera en su día residencia de verano de Tamerlan. Es otra de las imágenes más icónicas de Uzbekistán, y aunque no se puede “entrar” al palacio en sí, sino solo admirarlo desde abajo, lo cierto es que la visita merece mucho la pena. Visto desde lejos es impresionante, pero según te vas acercando y vas tomando consciencia de su inmensidad lo es todavía más.

Y hecho este receso, toca volver a la carretera, esta vez ya sí que sí, destino Samarcanda. Son unas tres horas de viaje (130 km), pero la verdad es que los paisajes son bonitos.

NOTA: si se quiere prescindir de este día y ahorrarse horas de carretera, también está la opción de ir directamente a Samarcanda. Hay varios trenes diarios y directos que conectan Bukhara con Samarcanda. Como veáis. Es una cuestión del tiempo que tengáis y de lo que os importe hacer horas de carretera. Nosotros creemos que la parada merce la pena, pero depende de vuestras prioridades.

Día 8: La belleza de Samarcanda

Estamos en la ciudad que es la imagen más internacional de Uzbekistán. Samarcanda fue durante años la capital del país y es una de las ciudades más antiguas del mundo. Lo malo que tiene es que ya no es tan pequeñita y acogedora como Bukhara, donde todo estaba muy cerquita y podíais ir a todos los sitios andando. Al ser más grande, además, no tiene su belleza tan “concentrada”. De hecho, esta ciudad es un poco como un “Tashkent bonito”. En ella tienes las grandes avenidas soviéticas llenas de edificios grises enormes, y de pronto te topas con una maravilla como el Registán. Algo así. Con lo cual, hay que tener los puntos claros para saber adónde ir.

Una de las tres Madrazas de la plaza del Registán, en Samarcanda

Para empezar con el plato fuerte, podemos ir a lo primero a la famosa Plaza del Registán, la imagen más famosa de todo el país. La plaza está compuesta por tres enormes Madrazas (Madraza Ulughbek, Madraza Shir-Dor y Madraza Tilla-Kori) que compiten en belleza y elegancia. Realmente, cuando uno ha llegado a este punto del viaje, es difícil encontrar las palabras para describir lo que supone estar en el cento del Registán. Eso es lo malo que tiene el haber visto tantas cosas bonitas en tan poco tiempo, que de alguna manera te “anestesias” ante maravillas como ésta.

El Registán es otro de esos sitios por los que tendremos que intentar pasar varias veces mientras estemos en Samarcanda, intentando verlo a distintas horas, observando sus cambios. Y evidentemente, tenemos que visitar sus tres Madrazas, fijarnos en todos los detalles. No os perdáis los famosísimos leones ( o tigres) de la fachada de la Madraza Shir-dor y su colorido.

Una de las tres Madrazas de la plaza del Registán, en Samarcanda

Tras esto, iremos al Mausoleo de Tamerlán, muy cerca de la Plaza del Registán (acercáos también a verlo de noche, es de los pocos monumentos que se iluminan por la noche y diríamos que la imagen es casi aún más bonita).

Por si a lo largo del viaje las mil referencias, bustos, y estatuas de Amir Timur (su nombre original) no nos habían dejado negro sobre blanco su poderío y la devoción que los uzbecos sienten por él, al ver el impresionante Mausoleo (por no decir palacio) que alberga sus restos mortales, nos quedarán pocas dudas.

Gur- e Amir (el nombre oficial del Mausoleo, traducido “tumba del Rey”), además de ser muy bonito, es muy importante en la historia de la arquitectura islamica, ya que se le considera el edificio precursor de otras grandes tumbas, como el archiconocido Taj Majal.

Por la tarde podemos visitar un sitio muy especial en la ciudad: el observatorio Ulughbek, un lugar bastante interesante. Construido en 1420 por orden de Ulughbek, nieto de Tamerlán, este hombre de ciencias quiso construir un edificio desde el que observar y hacer cálculos sobre el espacio exterior. Entre sus obras, destacan las tablas astronómicas en las que se describen las coordenadas de 1.018 estrellas. Es una visita muy curiosa, porque verdaderamente se trata de un sitio único.

Detalle de la subida a la necrópolis Samarcanda

Cerca del observatorio (una media hora andando) tenemos otro de los platos fuertes de Samarcanda. Se trata del complejo Shakhi-Zinda, o lo que es lo mismo, la Necrópolis. Elevada sobre una colina desde la que se ve la ciudad, es una de las visitas más bellas de la ciudad. En el complejo hay enterradas personalidades muy importantes de la vida uzbeca, como la nieta de Tamerlán, aunque sin duda la tumba más importante es la de Qusam ibn Abbas, sobrino de Mahoma.

Conviene tomarse un par de horas para visitar la Necrópolis (especialmente la parte vieja) para entrar en todos los Mausoleos, cada uno con un dibujo de azulejos distinto. Veréis como os encanta.

Por hoy, poco más. Una buena opción para la noche podría ser re-recorrer lo que ya hemos visto de la ciudad de noche, especialmente la zona de Registán-Mausoleo de Tamerlan. Y mañana, último día en Samarcanda. Nuestro viaje se va acercando a su fin…

Día 9: Adiós Samarcanda

Unas mujeres venden dulces en un puesto del mercalo local de Samarcanda

Hoy dormiremos en Tashkent, aunque aún tenemos unas cuantas horas por delante para disfrutar de Samarcanda. A nivel cultural, nos faltaría por ver la Mezquita de Bibi-Khonum, que tiene detrás una historia algo turbia. Hay quien dice que esta bonita edificación fue construida por la esposa de Tamerlán, Bibi Khanum, mientras él estaba haciendo sus cosas fuera de la ciudad. Cuenta la leyenda que el arquitecto responsable de la construcción se enamoró perdidamente de la mujer del gobernante, y se negó (ojo al dato) a terminar la construcción a no ser que Bibi Khanum le diera un beso. Ella se lo dio y, oh qué sorpresa, Tamerlán entró en cólera y ordenó asesinar al arquitecto, aunque al parecer cuando lo alcanzaron ya estaba muerto. En fin, historias a parte, la Mezquita está muy bien.

Justo a su lado tenemos el Mercado (Bazar Siab), que recomendamos fervientemente visitar. No es un mercado turístico donde vendan souvenirs como podía ser el de Tashkent, sino un mercado de comida en el que compran los locales, pero la visita es totalmente recomendable. A nosotros nos encantó. Esos puestos donde hacen la miel de forma totalmente artesanal, las mesas llenas de los panes uzbecos tan bonitos y tradicionales, los puestos de especias… Es una forma ideal de despedirse de Samarcanda, saboreando un poco la vida de su gente.

Después de esto, nuestra recomendación personal es intentar enlazar con el tren a Tashkent (hay varios a lo largo del día) para ya hacer noche en la capital y al día siguiente coger nuestro vuelo de vuelta a casa.

Día 10: Adiós Uzbekistán

¡Todo se acaba! Ha llegado el momento de decir adiós a Uzbekistán. Dependiendo de a qué hora salga vuestro avión tendréis tiempo para dar un último paseo por Tashkent o ver alguno de sus Museos, o tendréis que iros directamente al aeropuerto. Recordad ir con tiempo, puesto que a los oficiales uzbecos a veces les gusta dar un poquito de follón en las aduanas. Aquí te lo explicamos todo.

Así que nada, ¡hasta siempre Uzbekistán! Esperamos que os haya gustado el país tanto como a nosotros y que nuestra ruta os haya sido útil.

Imagen del patio interior de una de las Madrazas de Bukhara