Nuestra ruta por Sri Lanka

En esta sección os hablamos de un recorrido que creemos que es muy lógico para conocer a fondo Sri Lanka. Evidentemente, es orientativo, y debéis adaptarlo a vuestras preferencias y sobre todo al tiempo del que dispongáis. Nosotros hemos hecho un modelo para dos semanas. Esperamos que os guste, es una selección hecha después de haber recorrido el país, y creemos que es lo más interesante y que el tiempo está muy pero que muy bien aprovechado, sin olvidarse de los momentos para el relax.

En cualquier caso, si después de leer nuestra propuesta tenéis alguna duda y queréis que os aconsejemos, escribidnos a hola@destinazos.es e intentaremos ayudaros.

¡Empezamos!

Día 1: Llegamos a Sri Lanka

Faro de Galle

Para llegar a Sri Lanka, hay que pasar obligatoriamente por Colombo, la capital del país, ya que es aquí donde está el aeropuerto internacional. Y realmente, es una pena, porque con todo el dolor de nuestro corazón nos sentimos obligados a decir que Colombo no tiene nada, es sin duda de las ciudades más feas de Sri Lanka y no os recomendamos pasar allí ni una noche. Quizás sí estar unas cuantas horas para ver algunos cosas, pero a continuación nuestra recomendación es ir directos a Galle, una de los puntos urbanos más bonitos del país.

Si vais en coche, el recorrido a Galle son unas dos horas. También se puede ir en tren, hay una ruta muy bonita por la costa, pero tendrás que cuadrarte los horarios para no tener mucho tiempo muerto. Recuerda que hemos escrito una sección sobre cómo moverse por el país. Puedes leerla aquí.

Una vez en Galle, lo mejor sería intentar alojarse dentro de la Fort (la antigua ciudad amurallada), que es el casco histórico declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO y en el que se encuentra todo lo que hay que ver. Para comer hay varias opciones, aunque nuestra recomendación personal es ir al Spoon’s Café, donde te prepararán en el momento un curry fabuloso. De postre, pide un toffee de leche casero, riquísimo. El sitio está muy céntrico y además es muy económico.

Después de comer, hay que callejear por Galle Fort. Imprescindible ir a Pedlar Street, Church Street y Lighthouse Street e ir cruzando las callejuelas que las unen. Hay muchas tiendas de arte y textil. Ojo, si ves algo que te guste, no lo dudes: aprovecha y cómpralo. Aunque pueda parecer raro, Sri Lanka no es un país donde sea muy fácil comprar, y las preciosidades artesanales que verás en Galle no las encontrarás tan fácilmente en otras partes del país.

También debéis visitar la Iglesia reformada holandesa, los porches del Hotel Amangalla, la Puerta Nueva y el antiguo Hospital Holandés, ahora reconvertido en centro de ocio, donde podéis tomar algo viendo el océano.

Por la tarde, emprender el camino para recorrer la muralla de la Fort. La idea es recorrerla entera y ver el atardecer desde ella. El mejor punto para ver la puesta de sol está entre Flag Rock y el bastión de Neptuno, por lo que una buena opción es empezar a las 17h a la altura del bastión de Neptuno en dirección al antiguo Hospital Holandés para llegar sobre la 18h al flag rock y sentarse en algún lado a disfrutar del atardecer. Y si hace mucho calor (en Galle suele hacerlo), a la altura del Faro hay una playa donde podrás darte un baño.

Atardecer en la playa de Galle

Una vez que haya anochecido, además de dar una vuelta nocturna por Fort, se puede aprovechar para hacer algunas compras, ya que la mayoría de tiendas abren hasta las 20.30 o 21h. Cena y a dormir, que mañana es un gran día.

Día 2: El gigante del mar

Ballena azul en Mirissa, Sri Lanka
Hoy tenemos que levantarnos muy temprano, ya que a las 06:00 tendremos que estar haciendo el check in en la oficina con la que hayamos decidido hacer el avistamiento de ballenas. Como ya os hemos contado, nosotros os recomendamos hacer el circuito con los chicos de Raja & The Whales, en Mirissa, porque son majísimos, te dan de desayunar en el barco y respetan mucho a las ballenas. La duración del circuito es imposible de saber, porque depende de cuánto tardéis en ver las ballenas, aunque la media son unas cuatro-cinco horas. Y ya veréis, os va a encantar. A nosotros aún nos dura el entusiasmo. Tenéis toda la información aquí.

Tras esta agradable experiencia marina, pondremos rumbo a Yala, donde haremos nuestro primer Safari. ¡Bieeeeeeen!

Antes del safari, debemos comer. La idea es estar comiendo sobre las 14:00 en algún restaurante de Tissa o Katagarama, y desde allí salir sobre las 15h de safari (toda la información sobre cómo reservar uno la tenéis aquí) en un jeep en busca de leopardos, monos, ciervos, búfalos… Los elefantes tendrán que esperar, ya que los veremos en el parque de Minneriya, pero eso no significa, en absoluto, que Yala no mereza la pena. Nos anochecerá durante el Safari y a eso de las 18.30 o 19h nos iremos al hotel.

Si estamos cansados conviene coger un hotel junto a Yala, en Katagarama o en Tissa. Otra opción es emprender ya el camino hacia las tierras altas, para ya amanecer al día siguiente en Nuwara Eliya.

Día 3: Maligawila, Yudaganawa y Ella.

Como nosotros dormimos anoche en Katagarama, nos levantamos y ponemos rumbo hacia las Tierras Altas, la Sri Lanka del té. Pero por el camino haremos varias paradas. Primero en Maligawila y Yudaganawa, donde visitaremos antiguos templos budistas y estatuas gigantes de Buda. Éste será nuestro primer contacto con los templos y los Budas gigantes. Pero no os preocupéis, lo mejor está por llegar, iremos de menos a más.

Littles Adam Peak

Tras esto, pararemos a ver las cataratas de Rawana Ella (más espectulares en la estación de lluvias) y llegaremos a Ella, donde comeremos (el Dream Café está bien) y haremos una caminata para ver el Little Adam’s Peak (Pequeño pico de Adán, una hora y media ida y vuelta). Las vistas a las plantacinones de té son espectaculares.

Por último, ya de noche, emprenderemos el camino hacia Nuwara Eliya, donde dormiremos.

Día 4: Hasta el Fin del Mundo

Éste es otro de los días en los que hay que madrugar mucho. Tranquilos, esta racha pronto acabará. El Parque Nacional de las Llanuras de Horton y Fin del Mundo merece mucho la pena, pero hay que ir bien temprano, porque de lo contrario la niebla nos tapará todas las vistas, que son muy bonitas.

La idea es estar a las 06:30 en la entrada del parque, donde comenzaremos la ruta, que durará unas tres horas (son 9,5 km hasta El Fin del Mundo) y es muy bonita.

Si vuestro hotel os da la opción, conviene pedir un pack de desayuno para llevar. Con semejante madrugón, lo bueno es que sobre las 10 de la mañana ya habremos terminado y tendremos el resto del día libre. Ésta es la tarde perfecta para quedarse descansando, paseando por las colinas plagadas de plantaciones de té o para hacer la visita a una fábrica de té. En vuestro hotel os informarán de cuáles son las más cercanas.

Día 5: El diente sagrado de Kandy

Hoy nos espera un día muy bonito. Nosotros recomendamos hacer el trayecto hasta Kandy en tren. Es más largo que en coche, aunque tampoco mucho más, y de esta forma contemplaremos una panorámica de las plantaciones de té. Es importante que hayamos comprado los billetes de tren con un par de días de antelación (hay que acercase a la estación de Nuwara Eliya, no se venden por Internet). Hay un tren a las 9:25 que es perfecto. Cogiendo ese tren, llegaremos a Kandy a la hora de comer, y después nos iremos a ver la ciudad.

Kandy es, después de Colombo, la segunda ciudad del país, y está considerada la capital cultural de Sri Lanka. Si tenéis la inmensa suerte de visitarla en agosto, no podéis perderos el Kandy Esala Perahera, una preciosidad que sería delito no disfrutar si esos días se está en el país. En ella se podrán contemplar esas imágenes icónicas de elefantes decorados con luces y sillas sobre sus lomos. Obligatorio reservar.

Dicho esto, y para el resto del año, si nos apetece, después de comer podemos visitar una tienda Batik, una técnica de teñido de la tela con la que se crean auténticos lienzos sobre tela. Pero ojo, no nos engañemos con estas visitas: son recorridos organizados para turistas en los que primero nos enseñan a unas señoras muy simpáticas que están trabajando en las telas, nos explican cómo es la técnica, y dicho esto, nos lanzan a su almacen para que compremos algo. No decimos esto para que no vayáis, efectivamente las piezas son muy bonitas, están muy trabajadas y por tanto su alto precio está justificado, pero simplemente es para que lo tengáis en cuenta. Los precios son negociables, así que intentad regatear.

Ofrendas florales en el templo del diente de Buda, en Kandy

Tras esto, podemos ir al centro de Kandy y dar una vuelta por los alrededores del lago, una zona muy bonita. A continuación visitaremos uno de los platos fuertes de Sri Lanka: el templo del diente de Buda (uno de esos sitios en los que los locales no pagan entrada pero los turistas sí, son 1.000 LKR por persona más la propina que dejemos al señor que nos guarde los zapatos). Este lugar es uno de los más sagrados del Budismo y sin duda el más sagrado del país, y alberga, literalmente, un diente de Buda (o al menos eso dicen), aunque el diente en sí nunca se llega a ver, porque está en una cámara cerrada.

La visita es muy agradable. El templo es, en realidad, un complejo de templos (tiene el templo principal y luego como templitos aledaños), por lo que tardaremos algo más de una hora en verlo, casi dos si vamos tranquilamente y también vemos el Museo de la planta de arriba. Hay que ir descalzos durante todo el recorrido. A todo esto, es interesante aprovechar para hacer un inciso que aún no hemos comentado: está considerado una falta de respeto hacerse una foto dándole la espalda a un Buda. Debéis poneros paralelos a él o ladeados para posar en la foto, pero nunca de espaldas. Otro aspecto a tener en cuenta al visitar el Templo del Diente es que hay tres “pujas” u ofrendas diarias (la gente suele llevar flores a modo de ofrenda, es una costumbre muy bonita y vistosa) en las que se tocan los tambores frente a la sala del Diente. Merece la pena quedarse a ver alguna. Son a las 5:30, a las 9:30 y a las 18:30.

Al acabar la visita, probablemente, y sobre todo si nos hemos quedado a ver la última ofrenda, ya se habrá hecho de noche. Podemos aprovechar y dar un pequeño paseo por las calles del centro próximas al templo.

Día 6: De Kandy a Sigiriya

Ha llegado el momento de adentrarse en las ciudades históricas. Empieza así otra de las etapas más interesantes de nuestro viaje. Pero antes, hay que terminar de saborear Kandy. Una muy buena forma de hacerlo es visitando el mercado local, donde podremos ver los puestos de especias y los del omnipresente arroz. Ojo con los cazadores de turistas, algunos están deseando estafar a algún turista, fingiendo que lo conocen (por ejemplo diciéndole que trabajan en el hotel en el que está hospedado) y le llevará directo a las tiendas de sus amiguetes para que les compren algo y él, por supuesto, pueda llevarse su comisión.

Otra de las visitas típicas de Kandy es su jardín botánico o su Museo del té. Una vez hayamos acabado, pondremos ruta hacia Sigiriya, donde mañana nos esperará otro de los platos fuertes del viaje.

Buda tumbado en el templo de Matale, Sri Lanka

Por el camino, pararemos en el Templo budista de Aluvihara, en Matale, muy recomendable. En él veremos el primero de los grandes Budas durmiendo de nuestro viaje. Después, podéis parar en el Templo hindú Sri Muthumariamman, que está enfrente. Os recomendamos mucho que paréis a verlo, porque los templos hindúes son muy distintos a los budistas, y este es uno de los pocos que podremos ver en Sri Lanka, aunque no el único. Se trata de un festival de colores, formas y personajes que asombra desde la primera vez que se ve. Hay que pagar una cuota no sólo si se quiere entrar, también es necesaria para hacer fotos por fuera.

Exterior del templo hindú Sri Muthumariamman, en Sri Lanka

Por el camino, otra parada típica en los circuitos turísticos es el jardín de especias. Aquí pasa un poco lo mismo que con la tienda Batik: es una parada turística donde te enseñan cómo se cultivan las distintas especias (la verdad es que se aprende un montón) para que luego les compres especias e ungüentos. Son caros pero de calidad. Lo de siempre, que cada uno valore si le merece la pena o no parar, porque aunque no te obligan a comprar, pues claro, esperan que lo hagas y te sientes como un poco en el compromiso.

Así, la última parada antes de llegar a Sigiriya sería el Templo de Nalanda Gedige, que es muy especial no sólo por el entorno en el que está, sino porque es mitad hindú y mitad budista. Muy interesante.

Día 7: La Roca del León

La Roca del León vista desde la entrada a Sigiriya

Hoy tenemos otra de las visitas más icónicas de Sri Lanka, la visita al yacimiento arqueológico de Sigiriya, donde se encuentra la famosa Roca del León. Se trata de, obviamente, una gran roca que tiene esculpidas a sus pies las garras de un León que en su día fue un león entero hecho de ladrillo. Hoy día sólo quedan los pies. En la cima de la roca se encuentran las ruinas de lo que todavía hoy no está claro si fue un palacio o un monasterio. Las vistas desde arriba, aunque la subida es cansada, son impresionantes, y todo el misterio que rodea la historia lo hace aún más especial.

Como consejos para la visita, os diremos que conviene empezarla pronto, como a las 8 de la mañana, puesto que suele hacer bastante calor (recomendamos encarecidamente llevar una gorra y botellas de agua) y vais a sudar subiendo las escaleras. Nuestra sugerencia es que al llegar hagáis lo primero la subida a la Roca, para evitar las horas de máximo sol, y ya al bajar, podéis pasear por el resto del yacimiento que hay a los pies, en la parte de los jardines, así como visitar el Museo.

Para visitar Sigiriya hay que pagar entrada. Es uno de esos lugares que, como os hemos comentado, es caro para los precios de Sri Lanka, especialmente si se compara con lo que pagan los locales. Pero es una visita imprescindible. La entrada cuesta 4.350 LKR (26 €). Aceptan el pago en dólares (30 $) pero no mediante tarjeta de crédito.

Budas de Dambulla

Después de la Roca del León podemos ir a Piduringala, otra cumbre que es muy especial no sólo por la cumbre en sí (tiene un antiquísimo Buda tumbado bastante grande) sino por las impresionantes vistas a la Roca del León que os regala la llegada a la cima. La entrada aquí no dolerá tanto al bolsillo: estamos hablando de unos 300 LKR (1,80 €).

Finalmente, y para acabar el que podríamos calificar como “el día de las subidas”, podemos acercarnos a ver los templos en las cuevas de Dambulla, un total de cinco cuevas que contienen unas 150 estatuas y pinturas de Buda, algunas con 2.000 años de antigüedad. Es un lugar místico y donde a día de hoy todavía hay culto (hay que descalzarse para visitarlo). La verdad es que a pesar del cansancio acumulado de ese día, nos encantó.

Y con esto (¡¿os parece poco?!) daríamos por acabado el día. Si habéis hecho todo lo que os hemos propuesto, es más que probable que estéis bastante cansados, con lo cual, no sería ningún delito si os tomárais la tarde de auténtico relax. Si tenéis la suerte de estar alojados en un hotel con piscina, no se os ocurrirá mejor plan que pasaros la tarde a remojo.

Día 8: ¡¡Elefantes!!

Hoy será otro día muy especial. Qué novedad, ¿no?

Empezaremos visitando Ritigala, un yacimiento que no suele incluirse en los principales paquetes turísticos pero para nosotros es 100% recomendable. Se trata de uno de esos lugares mágicos que se ven pocas veces en la vida.

Las ruinas se encuentran en el interior de la Reserva Natural de Ritigala, y pertenecen a un palacio del siglo IV a.C que posteriormente fue descubierto por los monjes budistas y finalmente fue abandonado hasta que en el siblo XIX fue redescubierto por los ingleses.

Elefantes en el Parque de Minneriya, en Sri Lanka

Hoy, las ruinas son un parque arqueológico poco concurrido que está, literalmente, en mitad de la selva. De hecho, el recinto está cercado con una valla electrificada para que los elefantes no se acerquen. Hoy día es un lugar conquistado por la naturaleza, donde vemos las enormes raíces de los árboles sobre las ruinas del palacio. Espectacular, verlo es observar el poder de la naturaleza sobre el hombre y el tiempo en primera persona. La entrada cuesta 10 € por persona oficialmente, aunque creo recordar que nosotros pagamos algo menos. Nos dio la impresión de que te cobran un poco lo que les da la gana según les apetece.

Tras la visita, nos iremos a comer cerca de Minneriya, para a eso de las 15:00 hacer nuestro segundo gran safari, en el que veremos decenas de elefantes salvajes. Según la época del año, los elefantes se encuentran bien en el parque de Minneriya (estación seca), bien en el de Kaudulla (estación lluviosa), aunque para que no haya líos, lo mejor es preguntar a la gente local, que sabrá guiaros. Lo normal es que un safari sean unos 40 € por persona (se acepa el pago en dólares y en LKR), aunque todo es negociable. Recordad que aquí os explicamos todo sobre cómo contrartar un safari.

La experiencia de ver elefantes pocas palabras necesita, ya que ninguna le hace justicia. Algunos la pondrían como la mejor del viaje, y no les juzgaríamos. Opinad vosotros mismos.

Al acabar el safari ya será de noche, así que volveremos al hotel y a descansar, que habrá sido un día de intensas emociones.

Día 9: Los Budas de Polonnaruwa

Hoy es un día intensivo de templos. Veremos algunas de las manifestaciones artísticas, históricas y religiosas más importantes de Sri Lanka. Será el día en el que por fin contemplemos los Budas gigantescos tallados sobre piedra, realmente impresionantes. Ha llegado, por fin, el momento de ver Polonnaruwa, una visita tan cansada como bonita, ya que estamos hablando de un complejo de ruinas de hace 800 años bastante grande en el que, por cierto, suele hacer bastante calor.

Buda gigante de Polonnaruwa tallado en piedra

El tiempo que tardemos en ver las ruinas dependerá de cuál sea nuestro medio de transporte. Si vamos andando, probablemente estaremos casi todo el día. Si vamos en bicicleta, algo menos, y si vamos en coche, con una mañana será suficiente. Las ruinas están divididas en cinco grandes grupos: el Grupo del Palacio Real, el Cuadrángulo y sus alrededores, el Grupo del Norte, el del Sur, y el Grupo de la Casa de Reposo.

Durante el recorrido, disfrutaremos de toda la iconografía característica del arte budista, con el plato fuerte al final: los cuatro Budas colosales tallados todos sobre la misma piedra, un lugar muy importante para los ceilandeses.

Con esto podría darse por concluido el día, ya que, como hemos dicho, lo que tardéis en hacer la visita dependerá del transporte que utilicéis. Pero si os quedan tiempo, y ganas, una buena ampliación al día podría ser visitar el Mandalagiri Vihara, un pequeño pero bonito templo del siglo VII (al amanecer o al atardecer su belleza se multiplica) en lo alto de una colina con cuatro grandes Budas sentado que apuntan a los cuatro puntos cardinales. Se encuentra a unos 30 km de Polonnaruwa.

Día 10: Anuradhapura y Mihintale

Dagoba de Anuradhapura, Sri Lanka
Hoy seguimos a tope con el budismo. Sin embargo, las ruinas y templos que visitaremos hoy están como más “vivos”, ya que estas, a diferencia de las de Polonnaruwa se siguen utilizando a día de hoy como lugar de culto, a pesar de ser más antiguas que las que vimos ayer. Aquí, en Anuradhapura, los turistas conviven con los peregrinos, lo que hará la jornada más amena.

Este es otro de los lugares del país donde habitan las gigantescas stupas e inmensas dagobas que son todo un icono asiático. Aquí también está el Sri Maha Bodhi, el árbol Bodhi (un elemento contastante en el Budismo) más antiguo del mundo, y el lugar más sagrado de todo el complejo. La visita merece mucho la pena. Es importante tener en cuenta que durante todo el recorrido por Annuradhapura deberemos ir descalzos y con las piernas tapadas.

Cerca de Anuradhapura podemos visitar Mihintale, una montaña con varios monumentos religiosos que se cree que es el origen de la presencia del Budismo en Sri Lanka. Es un pequeño complejo en el que está todo cerca y que consta de varias visitas: un gran Buda sentado y un par de subidas desde las que se ven una vistas muy bonitas. Al atardecer es espectacuar.

Y con esto podría decirse que acaba la parte más religiosa del viaje, por así decirlo. A partir de aquí, ponemos rumbo a Trincomalee y empiezan los días de mayor relax.

Día 11: Nos vamos a la playa

Templo hindú de Koneswaram, situado frente al mar
Empieza la etapa final del viaje, aquella en la que no haremos particularmente nada, sino estar tumbados en la arena, bañarnos, comer y hacer alguna que otra esxcursión, pero sin aogobiarnos. Al más puro estilo Caribe.

Lo normal es que estemos alojados en un hotel/hostal que tenga la playa a menos de cinco minutos andando. Las playas de Trincomalee son muy agradables, no están demasiado llenas (por no decir que en ocasiones están desérticas) y la temperatura del agua es ideal. Eso sí, el sol pega y muy fuerte, así que obligatorio echarse crema. Tráela de casa: en Sri Lanka es muy difícil de comprarla. Recuerda que hemos preparado una sección con todo lo que necesitas echar en tu maleta.

Uno de estos días podemos acercarnos a ver Trincomalee ciudad: la bahía, el fuerte y el templo hindú de Koneswaram, otra fiesta de colores que mira al mar. Muy muy especial.

Día 12: Nadando con tiburones

Playa de Trincomalee, Sri Lanka
Seguimos en la playa. Ésta es la mañana perfeta para hacer snorkel, es decir para visitar Pigeon Island. Recordad que os explicamos lo más importante sobre cómo contratar la visita aquí. Y recordad tamnbién que el sol pega muy fuerte, así además de echaros crema, no sería ninguna locura que os llevárais una camiseta de buceo para ponérosla mientras estéis en el agua y así evitar que salgáis de allí rojos como cangrejos. Sí, exactamente lo que nos sucedió a nosotros.

La excursión llevará media mañana, y la disfrutaréis como niños. Por si sois principiantes y os da un poco de miedo hacer la excursión por vuestra cuenta, o por si los tiburones os imponen mucho respeto (no suelen atacar, de hecho veréis que cuando paséis a su lado os ignoran completamente, aunque al fin y al cabo son animales salvajes y nunca se sabe, pero debemos recalcar que estos no son los tiburones “famosos”, sino los tiburones de coral negro, unos mucho más inofensivos), algunos hoteles ofrecen la opción de hacer la excursión acompañados por un guía, que irá con vosotros durante todo el recorrido y estará pendiente de que no os perdáis ningún detalle.

Tras esto, y si habéis logrado no quemaros, tarde de relax. ¿Nos vamos a la playa?

Día 13: Vuelta a Colombo

A partir de aquí, podéis extender el viaje un poco lo que veáis. Es decir, ya estamos en la etapa final del viaje en la que hemos llegado a la playa, y aquí no hay nada que hacer más que estar vuelta y vuelta en la hamaca, pasear por la playa, relajarse, comer, dormir. Y ojo, que esto no es poco: de hecho, es un planazo, pero tenéis que ser vosotros mismos los que decidáis cuánto estaréis así. Nosotros estuvimos 4 días (o sea, en realidad, nuestra vuelta no fue en el día número 13, pero bueno).

Así pues, cuando decidáis iros, sea en el día que fuera, debéis volver desde Trincomalee hasta Colombo, ya que sea vuestro destino España u otro país, es desde la capital desde donde deberéis viajar, porque sólo allí hay aeropuerto internacional.

Galle beach Colombo

Para ir de un sitio a otro, hay varias opciones. La primera sería ir en coche (se tardarían unas cinco horas), y la segunda ir en avión. En avión, la compañía que hace esta ruta es Cinnamor air, que tiene un vuelo directo diario que dura 45 minutos. Es un avión muy pequeñito, de esos que parecen casi privados, y tienen como seis o siete plazas. Éstas serían las dos opciones más recomendables. Una tercera opción, aunque esta no la hemos probado, es ir en coche o en tuk-tuk desde Trincomalee hasta la estación de Gakoya Junction, y allí coger el tren expreso hasta Colombo. Pero esto no llevaría casi 7 horas.

Una vez en Colombo, dependiendo de a la hora que tengáis el vuelo de vuelta a casa, os quedarán unas horas para ver la capital del país antes de que salga el avión o no, o incluso tendréis que hacer noche en la capital, según vuestros horarios.

Sea cual sea vuestra opción,en Colombo os recomendamos ir a lazona de Fort y ver el antiguo Hospital Holandés, la zona de Pettah, donde está el mercadillo (seguramente no compréis nada, no es un mercadillo de artesanía local ni nada por el estilo),y si os pilla la puesta de sol, lo más recomendable es, al atardecer y a la playa de Galle Face Green. Allí se reúnen las parejas y familias ceilandesas. Los niños están volando cometas que se compran allí mismo. Podéis animaros con una, cuestan como 130 LKR (0,70 €). Para nosotros fue lo mejor de Colombo.

Y dicho esto, toca decirle adiós a Sri Lanka. Habrán sido unos días intensos en los que habréis hecho cosas muy distintas entre sí. Seguro que os lo habéis pasado bien. Ya nos contaréis. ¡Esperemos que os haya gustado nuestro itinerario, os aseguramos que está muy pero que muy pensado!