Itinerario de una semana

A continuación, os presentamos la ruta que nosotros hicimos en Rumanía. Fue de una semana. En ella creemos que vimos los puntos más importantes del país y no nos dejamos nada “imprescindible”, aunque evidentemente todo se puede profundizar más. Por ejemplo, no habría estado nada mal adentrarnos un poco más en la preciosa naturaleza de los Cárpatos, pero no nos daba el tiempo. Bueno, ni el tiempo ni el clima, porque nosotros fuimos en Semana Santa y nos nevó, así que hubiera estado difícil adentrarse en el bosque.

Así pues, allá vamos, esperamos que os sirva, y ya sabéis que si tenéis alguna duda podéis escribirnos sin problemas a hola@destinazos.com e intentaremos ayudaros.

Día 1: Llegada a Bucarest

Fachadas típicas de Bucarest

El primer día llegamos, lógicamente, a Bucarest, la capital del país. Y aunque no se puede decir que Bucarest sea la ciudad más bonita del mundo, tampoco se puede decir en absoluto que sea fea (ninguna ciudad en Rumanía lo es). Es una ciudad que se puede recorrer perfectamente andando, aunque no es pequeña, pero es que nosotros somos muy de andar. Si, como nosotros, vais a alquilar un coche, podéis cogerlo cuando vayáis a dejar Bucarest, porque aquí no lo necesitáis, y eso que os ahorráis. En cualquier caso, recordad que hay transporte urbano en la ciudad, como el metro.

Lo que os decíamos, Bucarest es una ciudad agradable para pasear, y aunque no se puede decir que tenga cosas mega importantes que ver (aunque hay varios puntos de interés, os iremos explicando ahora), la ciudad en sí es bonita. Tiene algunas casas y edificios muy chulos y cuidados, y luego tienen algunas Iglesias ortodoxas que están bien. Además,tiene muchos bares y restaurantes. En general, por si os interesa, en Bucarest hay bastante marcha.

Podéis empezar el día visitando lo que os llevaría más tiempo y que al mismo tiempo es de las visitas más agradables: el Museo del Pueblo o Museo Satului, también conocido como Museo al aire libre.

Lo que hacen este tipo de museos es aglutinar construcciones regionales e históricas tradicionales del país, de manera que pasear por él sea como pasear por las calles de Rumanía a través de su historia. Está muy bien porque veréis las típicas construcciones estas de madera que ya recuerdan un poco a las nórdicas.

Instalado en el Parque Herăstrău, el Museo alberga hoy unas 300 construcciones que van desde la Edad Media hasta el siglo XIX. Una manera muy agradable de conocer la arquitectura, costumbres e historia rumanas mientras vas dando un paseo, asomándote a las ventanas, entrando a las casas… Está muy bien.

Iglesia de madera en el Museo al Aire libre de Bucarest

Tras esto, nos vamos a ver el resto de cosas que hay que ver en la capital. Nosotros a Bucarest le dedicamos un día, es decir, una noche más el día siguiente, esto ya dependiendo de vuestra combinación de vuelos. Como os decimos, Bucarest tiene cosas que ver pero no es lo más interesante del país. Y si no podéis verlo todo de un tirón no es preocupéis, ya que si volvéis en avión tendréis que volver a pasar por la capital (y probablemente hacer noche) para coger vuestro vuelo, por lo que podéis terminar de ver lo que os haya quedado pendiente.

Así pues, cuando salgáis del Museo al aire libre, os vais ya más para el centro (el Museo al aire libre está un poco alejado) y vais haciendo las paradas necesarias: la Plaza de la Revolución, que verdaderamente no tiene demasiada gracia porque no es que sea muy bonita, sino que tiene la mítica arquitectura soviética. Sin embargo, se trata de un punto muy importante en la ciudad y clave en la historia reciente del país: esta plaza fue el epicentro de la revolución contra el régimen de Nicolae Ceaușescu. Su edificio más emblemático es el que hoy es Senado y Ministerio del Interior y en su día fue Sede del Partido Comunista de Rumanía, y por el que Nicolae Ceausescu y su mujer escaparon el helicóperto al estallar la revolución.

Después nos podemos ir andando a la zona de la Plaza de la Universidad (Piata Universitate), que sería así como el casco más antiguo. En esta zona no podéis perderos el Monasterio Stavropoleos (Biserica Stavropoleos en rumano), una pequeña pero muy bonita Iglesia ortodoxa que de pronto sorprende entre las anodinas calle de la capital. Acercáos a verla y si está abierta, entrad, es muy bonita. Tampoco podéis perderos, muy cerca, la Sfantul Anton, otra Iglesia ortodoxa, esta ya más grande, que está muy bien. También podéis acercaros a ver el Ateneo Rumano por dentro, una sala de conciertos de la que podéis ver el hall de entrada.

Tampoco podéis perderos si estáis en Bucarest el Palacio del Parlamento o Casa del Pueblo, como curiosidad más que nada, porque el edificio no se puede decir que sea bonito lo que viene siendo bonito. Lo que es es mastodóntico. Se trata del segundo edificio administrativo más grande del mundo (solo le gana el Pentágono, en Washington), y fue construido a todo lujo: mármol, mosaicos, cristal etc… No se puede visitar, pero sí ver desde fuera. Impresiona.

Otra de nuestras visitas favoritas de la ciudad es la zona arqueológica llamada Curtea Veche, las ruinas de la antigua Corte Real de Bucarest, que fue destruida por el incendio de 1718 y más tarde, en 17381, por un terremoto. La visita es muy agradable porque es al aire libre y si no recordamos mal es gratuita. Justo al lado tenéis el Hanul lui Manuc, más conocido como la Posada de Manuc, la más antigua y mejor conservada del país. Hoy día es un hotel, y tiene un restaurante y una bodega. Aunque no os hospedéis allí ni queráis tomar nada, vale la pena entrar para ver su patio.

Fachada principal del Monasterio de Cozia

Es importante que tengáis en cuenta que, como ya hemos dicho, es casi seguro que paréis dos veces en Bucarest, a la ida y a vuestra vuelta, por lo que no tenéis que verlo todo de una. Nosotros os acabamos de enumerar así un poco las cosas más importantes, pero no lo vimos todo en el mismo día. Nosotros es que aterrizamos por la noche en Bucarest, por lo que aprovechamos para cenar allí y dar un paseo por la ciudad de noche. Al día siguiente, aprovechamos la mañana en Bucarest y después salimos hacia el Monasterio medieval Bizantino de Cozia (os lo contamos más abajo) y acabamos durmiendo en la bonita ciudad de Sibiu. Así que, de todo lo que hemos puesto el primer día vimos hasta el Parlamento. La zona de Curtea Veche, Hanul lui Manuc y ver algún Museo más lo hicimos en nuestro último día. Pero bueno, esto lo vais organizando vosotros según vuestra distribución de días. Y en cualquier caso, y para que no os hagáis líos, hemos hecho una selección de todo lo que hay que ver en Bucarest aquí.

Así pues, como os hemos dicho, el primer día, tras visitar el Museo al Aire libre, callejear por las principales Plazas y avenidas y ver el Parlamento pusimos rumbo al Monasterio de Cozia, que está muy bien no sólo por el Monasterio en sí, sino por el enclave en el que está: roedado de bosque y en mitad del silencio. Realmente, rezuma espitirualidad. Viéndolo, empezaremos a apreciar la belleza del arte de los Monasterios ortodoxos, aunque todavía tendremos que esperar para ver los Monasterios Pintados de Bucovina, que nos dejarán, estos sí que sí, con la boca abierta.

Tras ver el Monasterio de Cozia ponemos rumbo a nuestra última parada, donde llegaremos para dormir o si estáis muy animados para dar una vuelta nocturna, algo que os recomendamos porque Sibui es una de las ciudades más bonitas de Rumanía. ¡Mañana la conoceremos!

Día 2: Descubrimos Sibiu

Una calle de Sibiu

Empezamos el día en Sibiu, que, como ya hemos dicho, es una de las ciudades rumanas que más nos gustó. Esta ciudad fue incluida en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en el año 2004, y en 2007 fue capital europea de la cultura junto con Luxemburgo. Estos reconocimientos han dejado huella en la ciudad, antigua capital de Transilvania, ya que se nota que la inyección de dinero que ambos supusieron sin duda han contribuido al excelente estado de conservación de su centro histórico.

Además de todo esto, Sibiu es un lugar muy agradable, pequeño pero no diminuto, y que se puede recorrer andando perfectamente. Y es que Sibiu es bonita pero se ve rápidamente, así que con un día (teniendo en cuenta que la noche anterior hemos dormido aquí, o sea que ya estamos aquí desde por la mañana y aprovecharemos bien el día) sería suficiente para verla. Esta noche dormiremos en la también encantadora Sighisoara.

Básicamente, lo hay que hacer en Sibiu es recorrer su casco antiguo de calles empedradas, ver sus dos Catedrales, disfrutar de sus casitas de colores con las típicas ventanas de los tejado que son como “ojos”, entrar a sus tiendas de artesanía, disfrutar de alguno de sus dulces típicos… Las reminicencias a Praga, Viena o cualquier ciudad alemana no son casuales: Sibiu fue fundada por sajones y no tiene nada que envidiar a cualquiera de las ciudades centroeuropeas más famosas. Mientras paseamos por la ciudad, hay algunos puntos que no os podéis perder.

Fachadas de alguno de los edificios que componen la Gran Plaza de Sibiu

Podemos empezar a explorar Sibiu en su Gran Plaza (Piata Mare en rumano). Para llegar hasta ella, podemos caminar por la Strada Nicolae Bãlcescu, que está llena de bares y restaurantes. Ya aquí nos daremos cuenta de lo especial que es Sibiu, lo bonitas que son sus edificiaciones y sus calles peatonales.

Como decíamos, la Gran Plaza es a día de hoy el corazón de la ciudad y alberga sus edificios más importantes (el Palaco Brukenthal, la Iglesia Jesuita, el Ayuntamiento y la Torre del Consejo). Justamente por debajo de la Torre del Consejo hay un arco por el que se llega a la Plaza Pequeña o Piata Mica, que a nosotros nos gusta todavía más. Ya veréis que es muy bonita, y os saldrán unas fotos preciosas: se ve la Torre del Consejo y apreciaréis mejor que nunca lo que los rumanos han llamado “ojos de la ciudad”, unos ventanales que están en los tejados de los edificios y parecen darles vida. Son muy graciosos.

Fachadas de alguno de los edificios que componen la Plaza Pequeña de Sibiu

Tras la Plaza Pequeña, completamos el trío de plazas de Sibiu yendo a la Plaza Huet, la más espiritual de todas, ya que aquí está la Catedral Luterana Evangelista de Santa María. Antes de llegar a esta Plaza pasaremos por el Puente de los mentirosos, otro de los lugares más famosos de Sibiu. Se trata de un puente de hierro que comunicaba la zona alta con la baja. Recibe este nombre por una leyenda que dice que el puente se vendrá abajo si una persona dice una mentira cuando está sobre él, aunque en realidad los estudiosos creen que se trata de una equivocación del léxico. Así pues, se piensa que en su origen el puente se llamaba puente Liegenbrücke, es decir, puente reclinado, pero esta palabra tiene un sonido muy similar a Lügenbrücke, que quiere decir puente de los mentirosos. De ahí la confusión.

Tras esto, visitamos la Catedral Evangélica de Santa María. Ojo si vais en verano porque todos los días tiene conciertos de órgano. Esta Catedral se construyó entre los siglos XIV y XVI con las aportaciones de los gremios de canteros, carpinteros, herreros y joyeros, y destaca por su alta torre flanquedada por otras cuatro torres más pequeñas. Es bonita, pero a nosotros nos gustó más la Catedral Ortodoxa de la Santísima Trinidad. Y es que veis como otras de las cosas bonitas que tiene Sibiu es que las religiones conviven sin problema.

Interior de la Catedral Ortodoxa de Sibiu

Tras esto, nos faltaría ir como al sur de la ciudad (está al lado) y ver las antiguas murallas de la ciudad, construidas en la segunda mitad del siglo XV. En ellas, destacan sus tres torres de diferentes estilos: la de los arcabuceros, la de los alfareros y la de los carpinteros.

Y con esto, habríamos visto Sibiu. Evidentemente, entre medias tenéis tiempo para pasear, parar a tomaros algo e ir mirando en un sitio y en otro. Pero vamos, que Sibiu se ve fácilmente en una mañana así que, comemos y nos vamos a Sighisoara, otra de las ciudades más bonitas de Rumanía. Tenemos como una hora y media de viaje, así que salimos después de comer. Con llegar a Sighisoara para verla de noche tenemos, porque en realidad está previsto para explorarla mañana, aunque ya veréis que es muy pequeñita.

Día 3: Sighisoara

Esta ciudad bastante pequeña y en la que, al menos cuando nosotros fuimos (Semana Santa), hacía bastante frío, es una delicia. Lo que interesa ver, es decir, el casco histórico, es todo empedrado, peatonal y con edificios medievales muy bonitos. Como Sibiu, también está en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

Esta es la ciudad natal de Vlad Draculea, más conocido como Vlad el Empalador (el mismo que le sirvió al escritor irlandés Bram Stoker para inspirar el personaje del Conde Drácula). Vlad el Empalador, o Vlad III, fue un luchador en contra del expansionismo otomano que amenazaba Rumanía, y muy famoso por la manera de castigar a sus oponentes y enemigos (los empalaba, vamos). En la actualidad, es considerado un héroe nacional de Rumanía.

Vistas desde la torre del reloj de Sighisoara

Lo más interesante de esta ciudad se encuentra dentro de la ciudadela amurallada, que en su día tuvo un fuerte papel defensivo. Su principal puerta de acceso es la Torre del Reloj, uno de los puntos más identificativos de Sighisoara. Es muy bonito. Situado en la Piata Cetatii, se puede subir hasta arriba. Cuidado porque cierra los lunes (el resto de días está abierto de 09:00 a 16:00 horas). Recomendamos mucho la visita, porque el edificio anejo a la Torre alberga el Museo de Historia de la ciudad. Y luego las vistas desde la Torre del Reloj son muy bonitas, veis Sighisoara rodeada de montañas, está muy bien. No os perdáis al subir los muñecos que salen a dar la hora en el reloj, que se pueden ver como desde atrás y son muy curiosos.

Por último, os quedaría acercaros a la Plaza de la Ciudadela, y con esto ya tenéis vista Sighisoara. Como veis, se ve en un momento, pero ya os decimos que para nosotros es uno de los sitios más bonitos de Rumanía.

Cuando hayamos terminado ponemos rumbo a Gura Humorului, que será nuestro punto de partida al día siguiente para ver los famosos Monasterios pintados que tantas ganas teníamos de ver. Este será el tramo más largo que tengamos de hacer de coche: son unas cinco horas hasta nuestro destino final, pero es la única forma que hay. Y realmente de la ciudad en sí poco os podemos decir: nosotros solo la utilizamos como base para el día siguiente ver todos los Monasterios. Además, tampoco pudimos ver mucho esa noche cuando llegamos porque estaba cayendo una nevada tremenda así que nos refugiamos en el hotel y ya.

Día 4: Los Monasterios pintados

Hoy será uno de los días más bonitos del viaje. Dejamos Gura Humorului, cogemos el coche y nos vamos a ver el Monasterio de Moldoita. Por ser el primero, será probablemente el que más nos impresione. Y es que estos Monasterios, también declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, son la tradición religiosa y artística ortodoxa expresada en su máximo nivel.

Difieren mucho de los Monasterios a los que podemos estar acostumbrados en España, que por fuera son de piedra: estos no tienen un centrímetro que no esté impregnado del color de los frescos pintados a mano que representan escenas religiosas e históricas. Además, están como en medio de la naturaleza, aparecen de entre el silencio de los montes Cárpatos. Para colmo, cuando nosotros fuimos había nevado, y el contraste de la nieve blanca y el color de los Monasterios era precioso, aunque estamos seguros de que en verano también serán una delicia.

Exterior del Monasterio de Moldovita, en Rumanía

Como os decimos, el de Moldovita será el primero que veamos. Aquí destacan las escenas del Juicio Final, del Himno a la Virgen y del Árbol de Jeseo. En el interior no se pueden echar fotos, recordadlo.

Después de ver este Monasterio nos vamos al Monasterio de Sucevita. Tenemos 31 km hasta él desde el Monasterio de Moldovita. La forma más cómoda (y puede que la única) de hacer el día de hoy es en coche. Por el camino veréis paisajes muy bonitos, la naturaleza rumana es una preciosidad. Y eso, el Monasterio de Sucevita también es precioso, realmente es que es muy difícil quedarse con uno.

Exterior del Monasterio de Sucevita, en Rumanía

A todo esto, que aún no lo hemos dicho, pero la entrada a los Monasterios es irrisoria: a nosotros no cobraron 3 lei, que son algo así como 0,65 euros. Recuerda que hemos preparado una sección para que aclares todas tus dudas sobre el dinero rumano.

Tras Sucevita vemos el Monasterio de Voronet, otro de los más famosos. Edificado por Esteban el Grande en 1488, en su parte posterior alberga la conocida como “Sixtina del Este”. Y bueno, esto es un poco una exageración o más bien una tontería, porque verdaderamente no tiene nada que ver, pero el caso es que este fresco es impresionante, ocupa toda la pared trasera, y el Monasterio en sí magnífico.

Exterior del Monasterio de Sucevita, en Rumanía

Al acabar de ver los tres Monasterios ponemos rumbo a Piatra Neamt, antigua capital moldava. Llegaremos ya por la noche, ya que habremos invertido toda la mañana viendo los Monasterios (este día no estaría mal comer de bocadillos) y después tenemos como tres horas y media hasta Piatra Neamt. Según este plan os aconsejamos que si queréis ver la ciudad lo hagáis ahora, porque tal y como está la ruta, mañana por la mañana salimos hacia Brașov, una de las ciudades más bonitas de Rumanía.

Piatra Neamt está bien pero no es de las ciudades más bonitas del país, por lo que con dar una vuelta por ella al llegar tenemos. Y es que lo más bonito de esta ciudad es más bien su ubicación: rodeada de naturaleza, está ubicada en los Cárpatos orientales. En vuestro paseo podéis ver la Iglesia de San Juan Bautista, del siglo XV, y sus alrededores, la Iglesia de madera de Schimbarea la Fata y la Sinagoga de madera.

¡Hasta mañana!

Día 5: ¡El Castillo de Drácula!

Vista del Lago Rojo de rumanía nevado

Hoy salimos de Piatra Neamt hacia Brașov. Por el camino, seguiremos disfrutando de la naturaleza rumana, y pasaremos por las gargantes del río Bicaz (en rumano Cheile Bicazului), un espectacular cañón natural situado en la zona central de los Cárpatos. Es muy bonito. Muy cerquita tenéis el Lago Rojo, o Lacu Roșu en rumano, otra zona muy bonita. Justo enfrente del lago tenéis como una cabaña/bar en la que podéis tomaros algo (si, como cuando fuimos nosotros, hace mucho frío, podéis tomaros un chocolate caliente que os sabrá a gloria). Esta es una zona bellísima, y si sois aficionados al trekking, alipinismo o a las actividades rurales en general, este es vuestro sitio. Hay varios alojamientos rurales por la zona. Nosotros lo planteamos solo como una parada de paso (además de que ya os decimos que estaba todo nevado, tampoco se podía explorar mucho).

Patio interior del Castillo de Bran

Tras esto, nos vamos a ver el Castillo de Bran, que está como a tres horas y media en coche, en el distrito de Brașov. Como sabéis, esta es una de las visitas más famosas del viaje, ya que Rumanía basa gran parte de su discreta industria turística en alimentar la leyenda del Conde Drácula. Pero la historia es eso, una leyenda, y el famoso vampiro solo vivió aquí en la imaginación del escritor Bram Stoker (y en la de los vendedores de souvenirs que hay en los alrededores).

Mitos aparte, el Castillo -que fue en realidad una residencia de la Familia Real rumanna- es muy bonito y tiene una arquitectura muy característica. El edificio se puede visitar por dentro, y la visita es además muy interesante porque aprendes más de las idas y venidas que ha tenido este importante enclave en la historia del país. Lo dicho, que merece la pena y de es lo más típico del país.

Por último, para acabar el día, y tras ver el Castillo de Bran, volvemos ligeramente sobre nuestros pasos hasta Brașov, donde haremos noche. La ciudad en sí la veremos mañana por la mañana, pero esta tarde/noche, cuando lleguemos, aprovechamos para darnos una vuelta al atardecer, cenar en alguno de sus restaurantes (si hace buen tiempo habrá terrazas) o comprar en sus tiendas algo de la preciosa artesanía rumana.

Día 6: Brașov, Sinaia y vuelta a Bucarest

Nos despertamos en Brașov y nos lanzamos a conocer esta bonita ciudad rumana, donde está todo muy cerquita, concentrado en su casco antiguo, que es peatonal. Podemos empezar nuestro recorrido en la antigua Plaza del Ayuntamiento o Piata Sfatului, el epicentro de la ciudad. Es una plaza muy bonita donde la influencia sajona es evidente. A esta Plaza se accede por la Strada Republicii, una calle peatonal, llena de tiendas y bares, que es una delicia. Podéis tomaros algo o comprar algún recuerdo del país. En general, debéis pasear por toda esta zona, puesto que las casas en sí mismas son muy bonitas.

Gente sentada en la terraza de los bares de la antigua Plaza del Ayuntamiento de Brasov

También debéis visitar la Sinagoga (calle Puerta de Schei, 29) y por supuesto la Iglesia Negra (Biserica Negra), la mayor Iglesia gótica de Rumanía y probablemente el enclave más famoso de esta ciudad. Se llama así porque en 1689 hubo un incendio en Brașov que ennegreció las paredes. En su interior no podéis perderos sus preciosos tapices turcos y su impresionante órgano, y en el exterior prestad atención a su reloj, que muchos comparan con el famoso reloj astronómico de Praga.

Torre del relos de la Iglesia Negra de Brasox

Igualmente, hay que pasear por las fortificaciones de la ciudad, de la que aún hoy se conserva gran parte de la muralla. Para ver un ejemplo, podéis acercaros a la Puerta de Santa Catalina,uno de los puntos de acceso más bonitos.

Y con esto habríamos visto lo más importante de Brașov. Como veis, se ve rápido, y en una mañana os bastará. Como hemos dicho, no olvidéis dejaros algo de “tiempo libre” para simplemente pasear a la ciudad y entrar a sus tiendas, ya que esta es una de las mejores ciudades del país para comprar, ya lo veréis.

Cuando terminemos de ver Brașov (podemos echar allí la mañana, comer tempranito y ya tirar a la siguiente parada) nos vamos a ver el Castillo Peleș, en Sinaia, una de nuestras visitas favoritas del viaje.

Construido en la época del rey Carlos I de Rumanía (entre 1873 y 1914), en su día fue la residencia de verano de los Reyes y hoy es un Museo. Si ya decíamos que el Castillo de Drácula era especial, este lo es todavía más: esas fachadas de estilo alemán, con sus preciosos balcones de madera, sus puntiagudos torreones, y cómo no, el enclave natural en el que está situado y todas las esculturas de su jardín… Pero si ya por fuera es bonito, por dentro es sencillamente una joya. Su biblioteca, su sala de música, y su preciosísimo teatro son solo algunas de las maravillas que veréis al visitarlo. Vamos, que nosotros nos quedábamos a vivir allí. Nos encantó y os recomendamos muy vivamente que vayáis a verlo.

Exterior del Castillo de Peles, en Rumanía

Tras la visita al castillo, y antes de poner rumbo definitivamente a Bucarest, paramos en el Monasterio de Sinaia un Monasterio ortodoxo que continúa activo a día de hoy. Aunque es muy distinto a los famosos Monasterios pintados de Bucovina, este también está muy bien.

Exterior del Monasterio de Sinaia, en Rumanía

Visto el Monasterio, ahora sí, nos vamos de nuevo y ya por última vez a Bucarest, cerrando así el círculo de nuestro viaje y donde mañana (dependerá de vuestra combinación de vuelos) pondremos rumbo a casa.

Día 7: Vuelta a casa

Hoy nos despertaremos en Bucarest, la capital del país, de donde casi con toda seguridad saldrá nuestro avión que nos lleve de vueta a casa. La posibilidad de tener tiempo o no para volver a dar una vuelta a la ciudad dependerá, obviamente de la hora a la que salga vuestro vuelo.

Si volvéis al primer día de este itinerario, veréis que os dijimos que nosotros en nuestro primer día en Bucarest, el de la llegada, visitamos el Museo del Pueblo o Museo Satului, muy bonito, la Plaza de la Revolución, la Plaza de la Universidad, el Monasterio Stavropoleos (Biserica Stavropoleos en rumano), la Sfantul Anton, el Ateneo Rumano y el Palacio del Parlamento o Casa del Pueblo.

En nuestra segunda visita a Bucarest, es decir, ya el día en el que nos volvíamos a España, visitamos la zona arqueológica de Curtea Veche, que son las ruinas de la antigua Corte Real de Bucarest. Esta fue una de las visitas que más nos gustó en la capital. También fuimos a el Hanul lui Manuc, más conocido como la Posada de Manuc, la más antigua y mejor conservada del país y que está al lado del Curtea Verche. Hoy día es un hotel, y tiene un restaurante y una bodega. Aunque no os hospedéis allí ni queráis tomar nada, vale la pena entrar para ver su patio. Estas, además de en general volver a pasear por la ciudad y entrar al Monasterio Stavropoleos (el primer día estaba cerrado y sólo pudimos verlo por fuera) fueron nuestras actividades para despedirnos de la ciudad. De todas formas, para que os organicéis a vuestro gusto, recordad que hemos preparado un sencillo listado con todo lo que no debéis perderos de la capital rumana.

Y con esto, que no ha sido poco, acaba nuestro periplo por este país que todavía hoy es un desconocido para el gran turismo. Esperamos que os haya gustado y que nuestras indicaciones os hayan servido de ayuda.