El Castillo de Drácula

Patio interior del Castillo de Bran

Gran parte de la modesta industria turística de Rumanía se basa en el mito de Drácula, en Vlad el empalador (el personaje en el que el escritor irlandés Bram Stoker se inspiró para crear el personaje del vampiro) y, en general, en la temática vampírica/misteriosa/terrorífica.

Sin embargo, gran parte de ese discurso tiene más de leyenda que de realidad. El mayor ejemplo es el de el Castillo de Bran, situado en el distrito de Brașov, y conocido mundialmente por haber sido habitado por el vampiro más famoso de la historia: el Conde Drácula.

No obstante, y a pesar de que los varios puestos de souvenirs que rodean al Castillo puedan haceros pensar otra cosa, en este Castillo (que de terrorífico tiene poco, porque es de lo más bonito) nunca vivió Vlad Tepes, el personaje histórico en el que se piensa que está inspirado Drácula.

Su historia, en cambio, no podría ser más anodina: se trata de un Palacio Real para la familia rumana como tantos hay en muchos países de nuestro entorno. No obstante, esto también tiene una historia detrás (que descubriréis si visitáis el Castillo), ya que en un país soviético como en su día lo fue Rumanía, la relación del gobierno con la Monarquía y su patrimonio no fue precisamente fácil.

Ahora bien, no porque este Castillo sea “solamente” una residencia real y no una morada de vampiros os estamos diciendo que no merezca la pena verlo. De hecho, os lo recomendamos vivamente, ya que es muy especial. Se trata de una fortaleza medieval muy acogedora, con una arquitectura muy particular y unos muebles muy bonitos. Se puede entrar prácticamente a todas las habitaciones y la visita no es muy larga. Además, las fotos desde abajo de la colina os quedarán chulísimas. La entrada son 20 lei (unos 4,50 euros)

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