Piódão

Vista de alguna de las casas de Piodao, hechas de piedra

Piódão fue una de nuestras sorpresas más gratas de nuestro primer viaje a Portugal. Como muchas de las cosas buenas que suceden en los viajes, fue fruto de la improvisación. No estaba planeado, pero nos recomendaron acercarnos a verlo y así hicimos.

Y aunque el camino para llegar es difícil, puesto que hay que ir un par de horas en carretera por caminos de montaña bastante estrechos, lo cierto es que para nosotros valió la pena. Además, el camino, aunque quizás no es muy apto para quienes se marean en el coche, era muy bonito, rodeando las montañas de Portugal y toda su vegetación.

Para que os hagáis una idea, hasta 1970 sólo se podía llegar a Piódão a caballo o a pie. Y, cuando estás allí, como aislado del mundo, lo entiendes: Piódão representa el Portugal más rural, el más remoto. También uno de los más bonitos.

Exterior de la ermita que hay en lo alto del pueblo de Piódão, en Portugal

Dicho esto, no es de extrañar que digamos que, en realidad, hay poco que hacer en este pequeñísimo pueblo de casas hechas de piedra y tejados de pizarra que van ascendido hacia arriba en la colina sobre la que se asienta Piódão. El pueblo tiene una Iglesia en la base de la colina, y luego hay una plaza principal con algunos bares y puestos de souvenires. Además, más arriba tiene una ermita.

Pero no se viene a Piódão en búsqueda de tiendas o grandes museos. Vienes a ver algo distinto, un sitio especial, y por eso, lo que tienes que hacer aquí es pasear, conocer el pueblo, dar vueltas. No tiene que ser mucho tiempo, ya que, como veréis, Piódão es disminuto, y en un momento lo habréis recorrido. Al acabar, si os animáis, además de tomaros algo en alguno de los bares de la plaza principal, podéis bajar hasta el río, que está a las faldas del pueblo, y dar una vuelta por allí. Es un camino muy agradable y se puede recorrer andando sin problemas.