Lisboa en tres días

Lisboa es una ciudad que nos encanta, que tiene un montón de posibilidades y que es perfecta para una escapada de puente desde España. Está muy bien conectada con nuestro país y además es genial para combinarla con lugares como Sintra.

Nosotros estuvimos tres días en Lisboa, aunque podríais comprimir la ruta en dos días si lo que queréis es una escapada de fin de semana. Ahí va nuestra propuesta:

Día uno

Empezamos el día en una de las zonas más céntricas de Lisboa, si no la que más: la Praça de Comércio y sus alrededores. La del Comércio es sin duda la plaza más célebre de Lisboa y una de las más importantes. Es muy bonito venir aquí por la tarde y observar la luz cayendo sobre el río. De la plaza del Comércio sale la Rua de Aúrea (o bueno, más bien la Rua de Aúrea desemboca en esta plaza), otra de las más importantes de la ciudad, llena de tiendas y restaurantes.

Vamos subiendo por la Rua de Aúrea hasta llegar a la famosa Praça Dom Pedro IV, popularmente conocida como Rossio, y que es otro de los epicentros de Lisboa. De hecho, esta plaza nos encanta. Aquí tenéis la estación de tren de Rossio, que aunque no es tan bonita como la de Oporto, también es muy bonita. Aquí es donde se coge el tren a Sintra, por si queréis hacer una excursión (algo que os recomendamos, mira nuestros itinerarios aquí y aquí).

Interior de la Iglesia de Sao Domingos, en Lisboa

También nos encantó la Igreja de São Domingos, situada muy cerquita, en el Largo São Domingos. Aunque objetivamente no sería, ni de lejos, la Iglesia más bonita de Lisboa, ya que no tiene los famosos azulejos que tanto nos gustan u otro elemento decorativo que la haga especialmente bella, sí que es de las más especiales. Y decimos esto porque esta Iglesia te cuenta una historia, nada más y nada menos que la historia de esta ciudad, y eso es lo que la hace tan bonita. El templo sobrevivió al gran terremoto de Lisboa del año 1775, y después al incendio de 1959 del que aún hoy se ven las huellas en el interior del templo. Es casi como un milagro (nunca mejor dicho) que esta Iglesia siga en pie, pero ahí aguanta estoicamente, y por eso nos gusta tanto.

Por aquí también (está todo muy cerca) está la Praça da Figueira, que también está muy bien. Por toda esta zona hay pequeños comercios tradicionales, tiendas de ultramarinos con escaparates muy bonitos, merece la pena ir paseando por aquí tranquilamente, parándoos en un sitio y en otro, sin más.

Con todo esto, probablemente os haya entrado el hambre, así que puede ser la hora perfecta para parar y comer. Hay muchísimas opciones por la zona.

Al acabar de comer, nos vamos a la zona del Barrio Alto, una de las más animadas de la ciudad. Para ello tomaremos el mítico elevador de Santa Justa, que está en la calle Santa Justa. Como sabéis, Lisboa es, como Oporto, una ciudad llena de cuestas y escaleras para subir de un barrio a otro. Tomar este elevador no sólo os hará ahorraros deslomaros escaleras arriba, sino ver por dentro una de las “atracciones” más míticas de la ciudad. Forjado en hierro, y realizado por uno de los discípulos de Gustave Eiffel (como el famoso puente de Oporto), tendréis que hacer algo de cola y paqgar 2,80 € por subir.

Tras el “viaje” en elevador, primero nos asomaremos un rato a su plataforma superior, un mirador del que tendremos vistas excelentes de la ciudad.

Interior de las ruinas del Convento do Carmo, en Lisboa, por la noche

Al salir del ascensor, nos vamos directamente a una de nuestras visitas favoritas en Lisboa, el Convento do Carmo y su Museo Arqueológico. Es una de las cosas más bonitas que veréis en Lisboa. Se trata de un convento que sufrió la consecuencias del devastador terremoto de 1775 y así se quedó. Vamos, que no lo reconstruyeron. Así pues, es como una Iglesia a medio hacer, que no tiene techo, desde la que se puede ver el cielo. Algo verdaderamente especial, os lo recomendamos mucho. Estad atentos porque cierra los domingos.

Muy cerquita del convento tenemos el Museo de Chiado un Museo de arte contemporáneo que tiene exposiciones temporales. Podéis ver el programa a ver si algo que os interesa. Si no, podéis simplemente pasear por el animado Barrio Alto, donde además tenéis varios miradores (son algo muy típico en Lisboa) a los que podéis asomaros. El más importante es el Miradouro de Santa Catalina, uno de los más bohemios y alternativos, desde el que además podréis contemplar el famoso Puente 25 de abril. De hecho, nosotros recomendamos que vengáis a este mirador por la tarde/día y también por la noche, para ver el puente iluminado. Para subir y bajar a este mirador podéis tomar el Elevador da Bica, que está al lado. Otro mirador es el Miradouro de São Pedro de Alcántara, para el que podéis tomar el elevador da Glória.

Y ya, el resto de la tarde/noche, como hemos dicho, la dedicamos a pasear por Barrio Alto y disfrutar de su animada noche. Elegid alguno de sus muchísimos bares y restaurantes para cenar algo, ¡y no olvidéis pediros una sangría blanca! ¡Hasta mañana!

Día dos

Empezamos visitanto un sitio que nosotros recomendamos mucho. No todo el mundo que va a Lisboa va a verlo, pero nosotros quedamos encantados. Se trata del Museo Nacional do Azulejo. Como sabéis, a nosotros nos fascinan los azulejos portugueses, y creemos que visitar este Museo es la guinda perfecta para terminar de admirarlos, conocerlos y entenderlos. Es una manera ideal de aprender más de esta forma de expresión artística única en el mundo. El Museo se encuentra ubicado en un antiguo convento, y la entrada cuesta cinco euros. Ojo, los lunes está cerrado. Está un poco alejado del centro, pero llegar no es difícil. Los autobuses 718, 742, 794, 759 paran justo enfrente del Museo, y luego la línea de metro de Santa Apolónia os deja como a 10 minutos andando.

Esa es nuestra propuesta para la mañana. Al salir del Museo, podéis volver hacia la zona de Baixa, quizás dar una vuelta por las tiendas o por donde más nos apetezca, y cuando se haga la hora, comer.

Después de comer, haremos una de las cosas más típicas y guiris que se pueden hacer en Lisboa: ¡subirnos a un tranvía! Así es, nos subiremos al mítico tranvía 28, que nos lleva por los puntos más destacados de la capital portuguesa, aunque en realidad su mayor utilidad, además de la de ir viendo la ciudad, es ahorrarnos la cuesta que separa la zona de Baixa con la del Castillo, en Alfama.

Cogeremos el tranvía en la Praça do Martim Moniz. Es muy probable que haya una gran cola de turistas esperándolo, así que, paciencia. Si queréis evitaros estas colas tendréis que madrugar. El billete podéis comprarlo en el mismo tranvía, y os bajáis en la parada del Miradouro de Santa Luzia para ir a ver el Castelo de São Jorge, otro de los clásicos de Lisboa y desde el que se contempla toda la ciudad. La verdad es que la visita está muy bien y se hace muy amena.

Tras visitar el Castillo, nos vamos a la , que evidentemente, no podía faltar. Está cerquita del Castillo y es muy bonita. No os perdáis su claustro: hay que pagar una entrada extra pero merece la pena.

Y con eso, habríamos cerrado casi todo el día. Probablemente, ya será por la tarde casi entrada la noche, así que nos quedamos a cenar por el barrio de Alfama, y evidentemente, buscamos un sitio donde poder disfrutar de un buen recital de fado. ¿Para qué estamos en Alfama si no? Hay mucho donde elegir, algunos sitios míticos son: A Baîuca, Mesa de Frades, Parreihinha de Alfama, Tasca do Jaime, Sehor Vinho. Ojo: especialmente si es temporada alta o si es fin de semana, hay que reservar o no tendremos sitio**.

Y con esto hemos terminado otro día bastante completito en Lisboa. ¡Mañana más!

Día tres

Ha llegado otro de los grandes momentos de toda visita a Lisboa: ¡vamos a comer pasteles de Belém! Pero no cualquier pastel de Belém, sino LOS pasteles de Belém, también llamados pasteles de nata. Es como si toda nuestra estancia en Portugal nos condujera hasta este momento. ¡¡¡Pero qué buenos están!!!

Para llegar a Belém, que está más alejada del centro y de donde seguramente estemos alojados, lo mejor es coger el tranvía número 15, bien en la Praça da Figuira o en la Praça do Comércio. Vamos tempranito por la mañana, para poder desayunar un pastel de nata calentito en la Antiga Confeitaria de Belém, que lleva desde 1837 ofreciendo al mundo esta dulce maravilla. Veréis que el lugar está atestado, fundamentalmente de turistas, pero por suerte, todavía no se ha desvirtuado ni ha muerto de éxito, y los pasteles, que es lo que a nosotros nos importa, siguen estando buenísimos. Además, el sitio en sí es monísimo, y si quieres llevarte pasteles a casa (son un muy buen regalo) te los preparan en una caja estupenda. La pastelería está en la Rua de Belèm números 84-92. No tiene pérdida, todo el mundo la conoce.

Imagen de tres pasteles de Belem de la Antigua Confeitaria de Belém, en Lisboa

Tras esta maravillosa experiencia y el buen sabor de boca -nunca mejor dicho- que nos habrá dejado, nos vamos con el estómago lleno a visitar el monumento más importante de Belém: El Monasterio de los Jerónimos, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO. Es muy, pero que muy bonito. Y sí, aunque siempre lo decimos, no podéis perderos su claustro.

Por último, para acabar nuestra mañana en Belém, haremos otra visita muy típica y también una de las más chulas: la mítica Torre de Belém, ideada en 1515 para defender el puerto de Lisboa. Es muy bonita, y se puede subir (¡cuidado los claustrofóbicos!). Además, su imagen, como saliendo de la tierra hacia el río Tajo, es muy evocadora. Por la zona hay un paseo que bordea al río que es muy agradable, y desde el que podemos contemplar muy bien el Puente del 25 de abril.

Y con esto, dejaríamos clausurada nuestra visita a Belém y a Lisboa. Nos quedaría comer y tendríamos la tarde libre, para marcharnos a casa si es lo que nos toca o para repetir lo que más nos ha gustado, pasear, entrar a tiendas… lo que sea. ¡Esperamos que os haya gustado Lisboa y nuestro recorrido!