El Cabo de San Vicente

El Cabo de San Vicente es uno de nuestros sitios favoritos de Portugal, y sin duda el que más nos gusta de El Algarve (al menos de lo que hemos visto).

Para visitarlo, lo más lógico es que nuestra base de operaciones sea Sagres, un pueblo muy pequeño que, por sí mismo, no tiene mucho que ofrecer. Es un pueblo de costa y ya. Eso sí, si lo que te gusta es el surf, este es tu sitio: la costa de Sagres no sólo es perfecta para practicar este deporte, sino que el pueblo de Sagres en sí está lleno de escuelas de surf, puestos de alquiler de tablas y alojamientos y bares con ambiente surfero.

Cabo de San Vicente

Nosotros fuimos con la única intención de contemplar un atardecer desde el Cabo de San Vicente, el enclave de interés más importante del pueblo y el punto terrestre más al suroeste de Europa. Este dato tonto es una de esas frikadas viajeras que a nosotros nos gustan. Lo más típico y lo que casi todo el mundo hace -y por algo será- es visitar el Cabo al atardecer. Lo que tenéis que hacer es mirar a qué hora atardece ese día y estar allí como una antes. Veréis que hay bastante ambiente y probablemente mucho viento. Al final del cabo tenéis el faro, que su interior tiene un Museo.

Para llegar al Cabo, que está como a unos siete kilómetros del centro de Sagres, hay varias opciones. La primera sería ir andando: se tarda algo más de una hora y otra en volver. La segunda y la más cómoda sería ir en coche (allí hay aparcamiento gratuito), y luego hay unos autobuses que salen del centro para la hora del atardecer.

Y bueno, respesto al atardecer, qué decir… Es un momento espectacular, cuando nosotros fuimos había gente por ahí tocando música, fue algo muy bonito.

Y luego ya que estábamos en Sagres vimos el resto de cosas que tenía, que aunque eran pocas, pues no estaban mal: unos kilómetros antes de llegar al Cabo teneis la Fortaleza do Beliche, a la que no se puede entrar y ahora está en ruinas, pero que podéis ver desde fuera. Y luego, en dirección contraria al Cabo está la Fortaleza de Sagres, que tiene unas vistas preciosas a la escarpada costa. Dentro de la propia fortaleza tenéis la Igreja da Nossa Senhora da Graça, una pequeña ermita blanca (recuerda mucho a las andaluzas) que está bonita.

Como ya hemos hecho con la Isla de Tavira nos preguntamos: ¿merece la pena venir hasta este punto remoto de Portugal sólo para ver un atardecer? Para nosotros, la respuesta es que sí, nos encantó la experiencia. Ahora bien, también es verdad que no bajamos al Algarve sólo para eso, sino que estábamos por la zona, y además era un viaje que hicimos por todo el país. Pero bueno, en definitiva, y si vuestro tiempo y recorrido os lo permite, nosotros os recomendamos hacer una parada de una noche (con eso basta) en Sagres. El Cabo lo recordaréis para siempre.