Una semana en Marruecos

Marruecos es un país bastante grande y con muchas cosas distintas que ver. Por el tiempo del que disponíamos, no nos era posible abarcarlo todo, así que decidimos hacer una “ruta por las principales ciudades” y eso es lo que os vamos a contar aquí. Es un viaje bastante concentrado en el que vimos muchas cosas, aunque por supuesto se puede extender en función de los días que tengáis. Es un viaje pensado para hacer en coche. De otra forma nos habría sido imposible ver todo en tan poco tiempo. Recordad que hemos preparado una sección con todo lo que tenéis que saber si decidís alquilar un coche en Marruecos.

Así sin más dilación, aquí tenéis nuestro itinerario de una semana en Marruecos en la que aterrizamos en Tánger y volvimos desde Marrakech.

Día 1: Llegada a Tánger

LLegamos a Tánger, ya sea en avión/ ferry. Si llegáis en avión, un taxi del aeropuerto al centro os costará como unos 100 dh (150 si es de noche), pero no os olvidéis de preguntar el precio antes de subiros al taxi. La tarifa desde el aeropuerto es fija (hay carteles dentro del aeropuerto, así que, si os intentan cobrar más, decid que no). En Tánger, son los taxis marrones los que pueden salir de la ciudad (es decir, los que os podrán ir y traer de la ciudad al aeropuerto, por ejemplo) y los azules los que debéis utilizar si queréis moveros por dento de la ciudad.

Puerta de una casa en Tánger
Y una vez en Tánger, pues a visitar esta ciudad que hace de puente entre Europa y África. ¿Qué tiempo dedicarle a Tánger? Pues como todo, depende de muchas cosas. Nosotros le dedicamos sólo un día, porque no teníamos mucho más tiempo. Y aunque es bonita, no nos pareció de las mejores ciudades de Marruecos. Pero ojo, que eso no quiere decir que no tenga cosas que ver.

Empezamos el día desayunando dentro de la Medina, en el Café Central, muy céntrico. Nosotros pedimos dos capuchinos, unas tostadas, un croissant y una tortilla y nos cobraron 53 dh (5,3 €). Como veis, está genial de precio.

Y a continuación, nos adentramos en la Medina paseando por el Zoco Pequeño. Esto, como todas las Medinas, consiste en dar vueltas. El tiempo lo determináis vosotros: depende de cuántas cosas queráis comprar o el tiempo que tengáis para pasear. De todas formas, os adelantamos que la Medina de Tánger no es en absoluto de las más bonitas del país.

Tras esto nos vamos a la Kasba (alcazaba, una palabra, junto con Medina, muy frecuente en Marruecos), la antigua fortaleza que domina la Medina. No se puede visitar pero podéis pasear alrededor. Donde sí se puede entrar, y os recomendamos hacerlo (en uno de los sitios más interesantes de Tánger) es en el Museo de la Kasba. Tanto el edificio como la exposición están muy bien. La entrada cuesta 20 dh (2 €) por persona. Al salir, quizás ya se os haya hecho la hora de comer. Podeís por ejemplo ir al restaurante Hamadi, que pilla muy cerca del Museo de la Kasba (Rue de la Kasbah, 2) donde sirven comida típica marroquí.

Un árbol decorado con una pintura abajo en el interior de la Medina de Tánger

Después de comer podéis visitar la Legación Americana, un bonito edificio que en su día acogió a los diplomáticos estadounidenses (hoy están en Rabat) y que ahora es un Museo. A continuación, pasearemos por la Avenida Mohamed VI (nombre de calle que os hartaréis de escuchar en Marruecos), antaño conocida como Avenida de España, y por el puerto pesquero. Es aquí donde la influencia española de la ciudad se percibe más obvia. Esta amplia calle fue concebida por ingenieros munnicipales españoles durante os años 30, y albergó el antiguo consulado franquista.

Tras esto, podéis acercaros al Teatro Cervantes. No se puede visitar, sólo ver la fachada, y aunque no se puede decir que sea bonito lo que se dice bonito, puesto que está abandonado, la verdad es que a nosotros nos gustó. Es una de esas viejas glorias de la ciudad, reflejo de la presencia española que hubo en ella: fue inaugurado en 1913 y hoy está bastante decrépito, pero en su día fue uno de los ejes culturales de la ciudad (no en vano tenía 1.400 localidades). A continuación, y por si ya tenéis hambre, podéis tomaros un rico dulce en la Pastelería La Española (Rue de La Liberté 86), muy cerca del Teatro.

Finalmente, nos vamos a la Plaza del 9 de abril, otro centro neurálgico de Tánger. Veréis que tiene una Mezquita, pero no se puede entrar a no ser que seas musulmán. En Marruecos, muy pocas Mezquitas son visitables para los no musulmanes. Una de las visitables está en Casablanca y os la recomendamos totalmente. Seguid leyendo que os lo contamos más abajo. Justo al lado tenéis el Zoco grande, echadle un vistazo.

Finalmente, os sugerimos acabar el día en la Terraza de los perezosos. A nosotros nos encanta porque se ve a lo lejos el estrecho de Gibratal y la costa española.

Y con esto y un bizcocho, pues Tánger está más o menos vista. Evidentemente, todo se puede ampliar, pero vamos, eso es lo que nosotros creemos que es lo más importante. ¡Hasta mañana!

Día 2: Nos vamos a Tetúan

Hoy nos despertamos en Tánger pero nos vamos directos a Tetuán. La verdad y es que, siendo totalmente sinceros, Tetúan la vimos bastante rápido, no hicimos noche allí, aunque pasamos unas cuantas horas. Nosotros lo planteamos, por cuestión de tiempo, como una para entre Tánger y Chefchaouen, que es donde dormiríamos esa noche. Pero bueno, la verdad es que aprovechamos bastante el tiempo que tuvimos, y nos centramos básicamente en la Medina. Primero nos fuimos a la Plaza Hassan II (otro nombre de plaza/calle/avenida híper común en Marruecos), donde está el Palacio Real, que no se puede visitar, en el que el Rey se aloja cuando va a Tetúan.

Dimos una vuelta por allí y por la avenida comercial que hay más abajo, y ya de allí, directos a la Medina. La Medina de Tetúan está declarada Patrimonio Mundual por la Unesco y la verdad es que está bastante bien (aunque no fue la que más nos gustó, seguid leyendo para saber cuál fue). Tiene una callejuela dedicada a cada actividad, y bueno, tienes que perderte (de hecho, probablemente te pierdas). Ojo a los cazaturistas porque aquí brotan por doquier, y hay que llevar cuidado con las estafas.

Y básicamente por la Medina tenéis que hacer eso, callejear, ir mirando tiendas, perdiéndoos aquí y allá. El tiempo, el que veáis vosotros. Cuando ya os den ganas de comer, podemos recomendaros el restaurante del Hotel El Reducto (calle Zanqat Zawya, 38). Es un hotel regentado por una española (todos los camareros hablan español, de hecho fue muy gracioso porque estaba sonando Camarón mientras comíamos) que tiene un patio interior en el que hay un restaurante donde sirven comida tradicional marroquí que está riquísima. Además tienen wifi, que siempre es un punto a favor.

Después de comer, último paseo por la ciudad y nos vamos a Chefchaouen, donde llegaremos de noche.

Día 3: La ciudad azul

Imagen de una calle de Chaouen

Chefchaouen (más conocida por los españoles como Chaouen) es una de las ciudades más bonitas de Marruecos, aunque la verdad es que se ve en un día. Con una noche sobra. De hecho, muchos circuitos la plantean como una excursión en autobús de ida y vuelta en el día desde Fez, aunque nosotros esto lo vemos un poco matada.

El caso, que Chaouen es muy bonita y es de las ciudades que más merecen la pena. Y además es muy cómoda de ver. A nuestro parecer, es de las que más seguras parecen (os ofrecerán hachís/ir a ver las plantaciones cada dos por tres, pero bueno), no hay demasiados cazaturistas (al menos nosotros no los vimos) y tiene como más tranquilidad para hacer compras. Adémás, tiene un tamaño perfecto: es pequeña pero no enana, y todo lo que tenéis que ver podéis recorrerlo andando sin problemas (estamos hablando siempre de la parte vieja, la de la Medina, la parte nueva no tiene ningún interés a nivel turístico).

¿Y qué hay que hacer en Chaouen? Pues, ¡sorpresa!: pasear. Sí, Chefchaouen es una de las ciudades en las que más merece la pena pasear, perderse entre las calles, ir haciendo fotos sin parar, volver a pasar una y otra vez por los sitios, ir entrando a las tiendas, regateando aquí y allá. La magia de la ciudad azul os cautivará, ya veréis.

Ahora bien, esto no quita que no tenga algunos puntos de interés específicos. Está la plaza central, donde hay muchas cafeterías y restaurantes. Justo aquí está la Kasba, que, esta sí, se puede visitar. La entrada cuesta 10 dh (1 €) por persona. La verdad es que la visita merece la pena, está bien conservada y tiene unos jardines bonitos. Si queréis, podéis comer/cenar (nosotros cenamos) en la terraza de más arriba del Riad Chez Hicham, que tiene vista a una de las torres de la Kasba. Está muy bonito, especialmente por la noche.

Para comer, os recomendamos un sitio que está muy bien y que se llama Beldi Bab Ssour (Rue El Kharrazin, 5).Tienen comida tradicional marroquí a muy buen precio. Además, las raciones son grandes. Nosotros pedimos bebida (agua), una bissara (un puré de habas típico de esta zona), un kebab en salsa, una pastela de pollo y de postre dos yogures (los preparan buenísimos, con miel y frutos secos) y por supuesto, té para acompañarlo. Todo eso por 163 dh (16,30 €). ¡Qué felicidad!

Unos niños corriendo por las calles de Chaouen

Después de comer podéis aprovechar para bajar la comida yendo a otros de los puntos de interés de Chefchaouen: la Mezquita española. Esto no es porque el edificio en sí sea bonito (de hecho está abandonado), sino porque está en lo alto de una colina enfrente de la ciudad. Así, desde la cima podéis contemplar toda la ciudad azul. Pero no os asustéis, que la subida no es para nada dura. Son 15 unos 15 minutos de ida y otros 15 de vuelta.

Y ya está, con esto habríais visto Chefchaouen. Evidentemente, es lo que os hemos dicho antes, todo depende del tiempo que queráis estar dando vueltas, las compras que queráis hacer etc etc. Pero vamos, que nosotros vimos la ciudad sin ninguna prisa, eso es así.

Y ya está, acabada de ver Chaouen, ¡nos vamos a Fez!

Antes de pasar al día siguiente, y por si no los habéis leído en esta otra sección, os explicamos un poco algo sobre cómo llegar a vuestro hotel/Riad en Fez, siempre que estéis alojados dentro de la Medina (que es lo que nosotros os recomendamos). Nosotros llegamos a Fez por la noche, como a las 21:00 horas. Para empezar, debéis tener en cuenta si vais en coche, como nosotros, que en la Medina de Fez NO pueden entrar los coches. Cuando entréis en la Medina, entenderéis por qué.

El caso: que debéis aparcar en uno de los parkings que hay como justo antes de entrar. Creo recordar que el precio eran 20 dh (2 €) por noche. Así pues, dejamos el coche y nos vamos con nuestras maletas andando como hacia la Medina. No sé si era sólo nuestra sensación, pero llamábamos MUCHO la atención: éramos dos extranjeros con sus maletas a cuestas y que no sabían muy bien dónde debían ir. Total, que una vez en una de las plazas que hay justo delante de la Medina ya empieza la gente a preguntarnos que si adonde íbamos, que si en qué Riad estábamos, y que ellos nos llevaban. Como no teníamos nada claro cómo llegar a nuestro Riad, decidimos hacer caso a una de las personas que se ofreció a llevarnos: un señor mayor y muy buena gente que por 40 dh (4 €) nos llevaba las maletas en una especie de carretilla y nos llevó hasta la misma puerta nuestro Riad.

Y MENOS MAL que lo hicimos. No creo que hubiéramos encontrado el Riad sin su ayuda en la vida. Estuvimos 10 minutos andando por el laberinto de 9.000 callejuelas empinadas, estrechas y oscuras ( la Medina por la noche da bastante mal rollo en la primera impresión, luego te das cuenta de que es un lugar seguro y sencillamente es que toda su actividad ocurre de día) hasta que llegamos a nuestro Riad. Le dimos el dinero al señor que tan amablemente nos había llevado y quedamos muy satisfechos con haberlo elegido: no sé cuánto habríamos tardado en encontrarlo por nuestros propios medios. Debemos advertir, no obstante, que esta misma experiencia no nos salió bien en Marrakech, podéis leerlo aquí. Aunque, según nuestra impresión, en Marrakech son más propensos a estafarte, como también lo son los jóvenes en lugar de los ancianos. Aunque somos plenamente conscientes de que esta distinción no es, en absoluto, científica.

Día 4: Fez, ¡qué bonita eres!

Mercería en la Medina de Fez

Bueno, pues nos levantamos en Fez listos para ver la Medina. Por lo que habíamos leído en la guía y por lo que habíamos visto la noche anterior al llegar hasta el Riad (que la Medina de Fez era un laberinto inimaginable) decidimos contratar un guía oficial que nos acompañara y explicara la Medina. La verdad es que quedamos bastante contentos con la experiencia: creemos que aprovechamos mucho más el tiempo, sin él nos habíamos perdido muchísimo más, porque de verdad, da igual que tengas el mejor sentido de la orientación del mundo: en la Medina de Fez es MUY difícil no perderse. El guía lo contratamos muy fácilmente a través de nuestro Riad, recordad que en esta sección os lo hemos explicado todo.

Bueno, y ahora voy a contaros un poco el recorrido que hicimos con el guía, por si lo queréis hacer por vuestra cuenta. Empezamos paseando por la Medina, viendo todos sus coloridos y diminutos puestecillos uno pegado al otro, muy bonitos.

Paseando (todo lo que os vamos a decir a continuación está en el interior de la Medina y lo hicimos andando), llegamos a la Madraza Bou-Inania. Fez tiene bastante Madrazas (escuelas donde en su día se estudiaba el Corán), pero actualmente muy pocas están restauradas. Esta es una de las pocas que se han recuperado, y además es muy bonita. La verdad es que es un gusto, porque teniendo en cuenta que en Marruecos no se puede visitar prácticamente ninguna Mezquita, este es de los pocos edificos en los que realmente se puede admirar el arte islámico. Además, está muy bien restaurado. La entrada son 10 dh (1 € ) por persona.

Detalle del interior de la Madraza Bou-Inania, en Fez

Después nos acercamos al Mausoleo de Mulay Idrís II, fundador y santo patrón de la ciudad de Fez. Los no musulmanes no tienen permitida la entrada, pero sí puedes asomarte a cada una de sus siete puertas e ir mirando dentro para hacerte una idea. Lo poco que se ve desde fuera (así como los artesonados de sus puertas y fachadas que se pueden admirar desde la calle), es muy bonito. A continuación, nos fuimos al Museo de la Madera (precio 20 dh por persona), situado en la Plaza de An-Nejjarine, una de las más bonitas de la ciudad. El Museo, además de por las piezas que tiene, es interesante sobre todo porque el edificio que lo alberga es bastante bonito. En la terraza hay una tetería donde podéis tomar algo.

Después nos dirigimos hacia el zoco de los carpinteros, que está justo al lado. Todo esto lo hacíamos, evidentemente, a pie, paseando por la Medina. La Medina de Fez está llena de vida, y es menos turística que la de otras ciudades marroquíes. Bueno, más que menos turística, es que no parece tanto un decorado: se ve que es un sitio donde los marroquíes acuden cada día a hacer sus compras. A nosotros fue la Medina que más nos gustó, por su ambiente, su colorido y su encanto.

Entre visita y visita, también íbamos haciendo compras. Fez es la ciudad de la artesanía, y por lo tanto, es un lugar excelente para comprar. También nos acercamos a ver la que probablemente sea la imagen más famosa de Fez: la de los famosos curtidores de piel. He de reconocer que la imagen decepciona un poco respecto a las fotos que tanto habréis visto por Internet, pero bueno, no deja de tener su encanto, porque ves a la gente realmente trabajando allí. Vamos, que aunque es un punto turístico sin lugar a dudas, no tienes la sensación de estar en un parque temático. Para ver los curtidores tienes que ir a una terraza. No te quedará otra que ir a la de de alguna de las tiendas donde venden objetos de cuero. Te darán una explicación sobre cómo es el trabajo de los curtidores y luego te enseñarán sus productos e intentarán que compres algo, pero sin muchas presiones.

Vista de los curtidores de piel en Fez desde una de las terrazas aledañas

Después de los curtidores, nos vamos a la segunda Madraza, la Madraza Attarine (entrada 10 dh por persona). Esta es más pequeñita y como más acogedora, a mí me gustó más que la anterior aunque ambas eran muy bonitas. Probablemente, al acabar con esto ya tendréis hambre, así que podéis ir a comer a un restaurante que se llama Zohra, donde sirven comida tradicional marroquí. Está bastante bien. Nosotros pedimos bebida (agua), una ensalada marroquí, un cous cous, un tajín, té y unos dulces variados y nos costó todo 210 dh (21 €).

Por la tarde nos acercamos a ver (por fuera, no se puede entrar) la Mezquita Qarauiyine, que en su día fue una de las mayores Universidades del Islam. Lo que sí podréis ver es el minarete, nada más y nada menos que el más antiguo del mundo musulmán. Después decidimos ir a la ciudad de los alfareros, que por tema de riesgo de incendios está fuera de la Medina. Pagamos a un señor para que nos llevara en su coche y fuimos hasta allí. La verdad es que es curioso, pero si no tenéis pensado comprar cerámica, pues sinceramente diría que no merece la pena el viaje.

Finalmente, acabamos el día en Bab Boujloud, la principal puerta de entrada a la Medina, que es de dos colores: azul (el color de Fez) por un lado, y verde (el color del Islam) por otro. Justo al entrar a la Medina por esa puerta hay varios restaurantes donde podéis cenar muy ricamente cuando caiga la noche.

¡Y eso es todo! ¡Fez visto en un día! ¿Hemos o no hemos aprovechado el tiempo?

Día 5: Rabat, Casablanca y El-Jadida

Terraza en la Kasba de Rabat
Este será un día de mucha carretera, aunque la gran mayoría del trayecto lo haremos en autopista (recuerda que puedes leer nuestros consejos sobre conducir en Marruecos aquí. La verdad es que hoy vamos a ver las que se supone que son las ciudades con menos gracia de Marruecos, pero hemos de decir que algunas de ellas nos sorprendieron para bien. ¡Vamos allá!

La que más nos gustó fue Rabat. Aquí, a diferencia de en el resto de Marruecos, es como que todo va más lento, es más tranquilo, como más agradable. Básicamente, llegamos, aparcamos en un parking que había frente a la Kasba y de ahí nos fuimos directos a la Medina, que la verdad está muy bien para hacer compras porque, como ya hemos dicho, es más tranquila y tienes como más paz mental para pararte a pensar qué es lo que quieres y ponerte a regatear. O al menos, esa fue la sensación que nos dio. Tampoco vimos cazaturistas.

Pues eso, estuvimos viendo la Medina y después nos fuimos a comer (comimos en un sitio que se llama restaurante La Liberation, no es gran cosa pero tampoco está mal, salimos a 72 dh). Tras comer, dimos un último paseo por la Medina y nos fuimos a la Kasba, que la verdad es que estaba bien. Dentro de la kasba descubrimos un rincón muy agradable, una tetería que se asoma al mar y donde nos sentamos a ver la playa y tomar un té con dulces típicos. La verdad es que estuvo genial. Nos tomamos dos tés y tres dulces (52 dh).

Tras esto, cogimos el coche y pusimos rumbo a Casablanca. Nuestro único objetivo en Casablanca, dado el limitado tiempo que teníamos, era parar sólo para ver la Mezquita de Hassan II. No sólo porque es de las pocas Mezquitas de Marruecos que es visitable para los no musulmanes, sino porque además habíamos visto fotos y habíamos intuido lo bonita que era. Además, Casablanca está en la ruta hacia El-Jadida (nuestro destino final ese día), así que, ya que pasábamos por allí, pues paramos.

El problema es que la entrada a Casablanca nos llevó MUCHO tiempo, casi una hora. Total, que llegamos de noche, y aunque la Mezquita no estaba cerrada, ya se había acabado el horario de visita y sólo estaba abierta para la oración. Aún así, nos dejaron como asomarnos a la puerta y pudimos intuir lo bonita que era. Además, tampoco estuvo mal ver la Mezquita por fuera de noche: es bastante grande y paseamos alrededor para verla iluminada, estaba muy bonita.

Mezquita de Hassan II, en Casablanca

Así que, sólo para que lo tengáis en cuenta: la Mezquita de Hassan II tiene cuatro turnos diarios de visitas aptos para turistas: son a las 9:00, a las 10:00, las 11:00 y las 14:00. Las visitas duran una hora y el precio es bastante caro (120 dh, es decir, 12 €), aunque por lo que vimos creemos que merece la pena pagarlo.

Total, que de aquí nos fuimos a nuestro destino final, El-Jadida, donde hicimos noche antes de irnos a Marrakech. Todo este día de hoy ha sido una forma de hacer posible el camino entre Fez y Marrakech, adonde llegaremos al día siguiente. Sobre El-Jadida, deciros que es una ciudad de veraneo de los marroquíes. En su parte nueva hay bastante marcha y restaurantes de playa, y luego tiene una parte vieja que es la Ciudad Portuguesa. Nosotros nos quedamos ahí creyendo que sería la parte más bonita, pero la verdad es que estaba bastante decrépita. Además teniendo en cuenta que nuestra noche en El-Jadida era una parada puramente técnica, no habría hecho falta, pero bueno.

Día 6: Essaouira y Marrakech

Nos levantamos, desayunamos y rápidamente vemos la Ciudad Portuguesa de Al-Jadida, que literalmente se ve en cinco minutos. Así como puntos de interés tiene la cisterna portuguesa, y luego podéis subiros las murallas y ver la playa. Está bonito.

Playa de Essaouira

Hecho esto, nos ponemos rumbo a Essaouira, Esauira en español, otra de las ciudades costeras más apreciadas de Marruecos. ¿Y qué hay que ver en Esauira? ¡Sorpresa! ¡La Medina!

A estas alturas creemos que ya tenéis claro lo que hay que hacer: pasear por la Medina. Esta Medina, comparada con la de Fez, es muy sencillita. No es para nada laberíntica. Nosotros comimos en un restaurante llamado Beldy (Calle Ibn-Tourmert, 6) donde servían comida beduina. Estaba muy buena, y tenían un menú por 80 dh (8€) que estaba genial.

Además de la Medina, en Esauira también tenéis que ver el puerto pesquero. Otra opción es pasear por la playa, es muy bonita.

Cuando ya creáis que lo tenéis todo más o menos visto, nos vamos a Marrakech, una de las ciudades más importantes de Marruecos y también de las más turísticas. Si seguís este itinerario, llegaréis por la noche. Si os alojáis en la Medina, ojo con los cazaturistas y especialmente con las estafas: nosotros sufrimos una nada más llegar a Marrakech que, la verdad, condicionó bastante nuestra percepción de la ciudad. Os la hemos explicado (para que vayáis prevenidos) aquí.

Día 6: Explorando Marrakech

Postales de Yves Saint Laurent expuestas en los Jardines Majorelle de Marrakech

Amanecemos en Marrakech dispuestos a exprimir esta ciudad. ¡Desayunamos y vamos al lío! La mayoría de cosas que hay que ver en Marrakech están dentro de la Medina, así que aquí concentraremos nuestro día. Ojo porque en Marrakech abundan los cazaturistas, y de hecho, podéis llegar a sentiros agotados de estar siempre rechazando ayuda de gente que quiere guiaros a sitios a cambio de dinero. Recordad que si tenéis algún problema siempre podéis recurir a la brigada turística, una policía especial para estos asuntos y cuya oficina principal está situada en la céntrica plaza de Jemaa-el-Fna.

Así pues, empezamos el día en los Jardines Majorelle, uno de los lugare más visitados y también más agradables de la ciudad. Jacques Majorelle era un pintor francés hijo del famoso diseñador de muebles de Art Nouveau Louis Majorelle. Llegó a Marruecos en 1917, y se enamoró de Marrakech. En 1923 decidió vivir en la ciudad y construyó este jardín que, tras su muerte, quedó en el abandono hasta que el diseñador Yves Saint Laurent lo adquirió en 1980 salvándolo de la muerte. Hoy los jardines tienen un memorial al diseñador, y además están expuestas alguna de sus dibujos que enviaba cada año a sus amigos para felicitarles el año. Además de visitar los jardines, también es posible visitar el Museo Bereber. Os sugerimos que lo hagáis: es un Museo pequeñito pero está muy bien.

Tras esto, nos vamos a la Madraza Ben-Yousse, que es muy bonita. Para ir hasta allí cogeremos un taxi desde los jardines que nos dejará en la puerta de la Medina más cercana a la Madraza. La entrada son 20 dh (2 €). Esta escuela coránica fue en su día la mayor de todo el Magreb: podía llegar a alojar a 300 alumnos. Está muy bien sobre todo el patio central y la sala de oración. Las celdas no están tan bien conservadas como las de las Madrazas de Fez, pero bueno. En cualquier caso, es una visita más que recomendable.

Patio de la Madraza Ben Yousse en Marrakech

A continuación, nos vamos a la Casa de la Fotografía, que está muy cerquita. Cuando estéis por los alrededores, veréis que abundan los cazaturistas. Es probable que algunos os digan que vais mal, que por ahí no es, que estás locos, que por ese camino está prohibido el paso… PASAD DE ELLOS. Lo que quieren es llevarte ellos dándote una buena vuelta y cobrarte después vete a saber cuánto. A nosotros nos gritaron que íbamos directos a la Mezquita y que eso estaba prohibido cuando íbamos justo por el camino exacto y en cuestión de 30 segundos estábamos frente a la puerta. En fin. Paciencia.

Total, vemos la Casa de la Fotografía (entrada 40 dh). Es, en realidad una exposición de fotos de escenas y paisajes de Marruecos, y en una de las salas proyectan un documental sobre bereberes que la verdad es que está bastante interesante. Pero quizás lo mejor de este sitio es su terraza, desde la que podéis tomar un té (incluso comer) observando la Medina.

Después de esto, y antes de comer, podéis ir a visitar los zocos. Esto os llevará exactamente el tiempo que queráis. Depende de cuántas tiendas queráis ver y cosas comprar. Pero vamos, que merece la pena pasearse un buen rato por toda esa locura. Esto lo podéis ir haciendo a ratos, por supuesto.

Después de comer quizás es un buen momento para ir a la Plaza Jeema-el-Fna, el epidentro de la Medina de Marrakech y su centro turístico (aquí es donde está la oficina de la brigada turística. Es uno de los puntos de interés más importantes de la ciudad pero, para ser totalmente sinceros, la verdad es que no tiene gran cosa, más que señores que quieren ponerte la serpiente encima para que les des dinero, que pasean monos para que te hagas fotos con ellos, y muchos puestos de comida. Esto no quita que no debáis pasar por aquí (lo haréis seguro varias veces al día, pilla de paso) o venir a cenar algo en alguno de sus puestos callejeros.

Ruinas del Patio del Palacio El-Badi, en Marrakech

Después de esto, podéis ir a ver el Palacio de la Bahía (entrada 10 dh por persona), que está cerca de la plaza des Ferbantiers. Esta lujosa residencia del ministro Ba Ahmed fue construida hacia 1880, y la verdad es que está bastante bien, así que, id a verlo. La entrada son 10 dh por persona.

Tras este, nos vamos a otro palacio, el Palacio El-Badi, que está muy cerca del anterior. La entrada son 10 dh por persona, más otros 10 dh si queréis ver el minbar (púlpito) de madera de la mezquita Koutoubia, que está expuesta en una de las salas. Y aunque es un palacio, no tiene nada que ver con el que acabamos de ver: de este sólo quedan las ruinas (es bastante más antiguo, del siglo XVI), pero la verdad es que la visita tiene un encanto especial y el contraste entre ambos es muy interesante. Os lo recomendamos sin duda.

Y con esto, habríamos acabado las visitas oficiales por hoy. Este momento se puede aprovechar para dar otro paseo por los puestos de los zocos (cierran bastante tarde) y hacer compras, y finalmente podemos ir a cenar algo a la plaza Jeema-el-Fna.

¡Hasta mañana!

Día 7: Más Marrakech y vuelta a casa

Una de las salas donde se encuentran las tumbas Saadíes, en Marrakech

Seguimos en Marrakech. Hoy volvemos a casa después de comer, así que seguimos teniendo una mañana entera para seguir conociendo Marrakech, aunque ayer ya la peinamos bastante. Empezamos el día yendo a las Tumbas Saadíes, una de las visitas más bonitas de Marrakech en nuestra opinión (10 dh por persona). Aunque son fáciles de encontrar, la puerta está un poco escondida: está situada en un pequeño callejón sin salida. Las tumbas están en el jardín de la Mezquita El-Mansur situada justo detrás. La Mezquita no se puede visitar. Lo único que podréis hacer será admirar su minarete, que es bastante bonito. Respecto a las tumbas, albergan en tres Kubbas (salas) distintas los restos de unos sesenta miembros de la Dinastía Saadí, entre los cuales están los de Áhmad al-Mansur y su familia. Lo dicho, ¡una visita muy recomendable!

Tras esto podéis acercaros al Minarete de la Koutubia, que no se puede vistar, pero tiene unos jardines alrededor por los que es muy agradable pasear. Además es un punto de referencia muy importante en la ciudad, todo el mundo lo conoce.

Finalmente, qué mejor manera de despediros de la ciudad que paseando por última vez por los rincones de su Medina y los puestos de los zocos. Y el punto final será comer en una de las miles de terrazas que hay por toda la Medina para decirle, ahora sí, adiós a Marruecos.