Guía contra las estafas en Marruecos

¿Por qué este apartado?

Hacer este apartado en la guía de un país no es plato de buen gusto. No nos gusta contribuir a agrandar prejuicios, pero creemos que no lo estamos haciendo, porque no vamos a inventarnos nada, sino a contar única y exclusivamente lo que hemos vivido. Además, creemos que las autoridades marroquíes deben ser muy conscientes del serio problema que representa esto, primero, para sus ciudadanos, pero segundo y que es de lo que se trata aquí, para el turismo. Y sólo denunciándolo podrá cambiarse.

Dicho esto, también creemos necesario añadir algo muy importante: en general, la mayoría de la gente con la que nos topamos en Marruecos eran personas honestas y dispuestas a ayudarte genuinamente. Esto no quita que, como turistas que somos, seamos un imán para alguna gente que quiere sacarse un dinero a nuestra costa. Marruecos está lleno de buscavidas, de personas que se te acercarán de manera muy amable para ayudarte/guiarte/decirte dónde está algo, y luego pedirte dinero a cambio. Pero la mayoría de estos ofrecimientos, si bien pueden llegar a ser un poco cansinos, son de buen rollo y acabas acostumbrándote a ellos.

¿Qué es lo más común?

Puesto de especias en Marrakech, Marruecos

En general, y aunque esto es más pronunciado en unas ciudades que en otras, a la mínima que te vean consultar un mapa o medio dudar por la calle buscando algo, se ofrecerán a llevarte, porque sabrán que eres turista. Luego te pedirán dinero. Ahí ya es opción vuestra aceptar su ayuda o no, dependiendo de lo perdidos que estéis. Eso sí, si no queréis que os acompañen, hacédselo saber desde el principio. Tendréis que dejarlo muy claro, y a veces os sentiréis mal por ser bordes, porque algunos siguen y siguen insistiendo. Además, os darán una conversación amable, pero algunas preguntas son envenedadas: “¿es vuestra primera vez en Marruecos?”, “¿has estado en alguna otra ciudad?”. Con esta información, en realidad, lo que están calibrando es cuánto sabes del país, si conoces o no sus triquiñuelas, y cuánto estarías dispuesto a pagarles.

En este sentido, la “oferta” de acompañamiento que más nos sorprendió a nosotros fue entrando con el coche a Fez, cuando un motorista en marcha nos hizo bajar la ventanilla del coche bajo el pretexto de que “nos habíamos equivocado de camino” (no nos habíamos equivocado, y además él no sabía adónde íbamos así que no tenía forma de saberlo) y se ofreció a llevarnos hasta nuestro hotel y acompañarnos al día siguiente a hacer una visita guiada de la Medina. Más tarde, otros españoles que nos encontramos nos dijeron que a ellos les había pasado lo mismo. Así que bueno, tenéis que estar un poco alerta con estas cosas, y ser firmes cuando queráis decir que no, porque ellos se las saben todas e intentarán hacerte el lío. Al final, para mí, lo peor era que acababas siendo borde con personas que no debías, y que, estas sí, se acercaban para ayudarte sin pedir nada a cambio.

Y luego bueno, pues lo típico, pequeñas triquiñuelas aquí y allí que no son nada más que la mítica picaresca española pero aumentada: el taxista que te quiere cobrar más de la cuenta, el que “se equivoca” y te da mal el cambio, el señor del parking que te pide que pagues a pesar de que ya pagaste al dejar el coche… En fin, muchas cosas, aunque ya os decimos que la mayoría se solucionan sin mayor problema porque, repetimos, la mayoría de la gente es honesta. Pero esto no quita que debáis estar atentos. Al final, desde nuestro punto de vista, el problema con Marruecos es que uno acaba un poco agotado mentalmente de estar siempre pendiente para no ser estafado. Es bastante cansado y molesto. Aunque, para ser justos, esta sensación la tuvimos sólo en Marrakech, una ciudad bastante deformada por el turismo y en la que sufrimos una estafa (que probablemente condicionara bastante nuestra opinión sobre la ciudad) de la que os hablamos más adelante. En el resto la verdad es que no tuvimos ningún problema. Bueno, alguna anécdota sí, pero poca cosa. Seguid leyendo.

El timo de la multa de tráfico

Es bastante frustrante comprobar que la policía marroquí es corrupta a este nivel. Es decir, que no tienen ningún problema en estafar al turista en su propia cara, sin esconderlo de ninguna manera y encima entre risas. Si bien es cierto que, por supuesto, esto no quiere decir que todos los policías sean así, tampoco es menos cierto que esta es una de las estafas más comunes (no tenéis más que hacer una búsqueda rápida por internet).

Ya os hemos hablado de esta estafa en el apartado de conducir en Marruecos, pero os la volvemos a contar aquí. Nos paró la policía por, supuestamente, ir por encima del límite de velocidad. Nosotros creemos que íbamos justo en el límite, pero vamos, eso es irrelevante. Es irrelevante porque mira, si te has pasado la velocidad y te multan, pues ya está, te mereces la sanción y punto, no tiene más. Pero esto no fue lo que pasó, quiero deccir que no era una multa, sino un impuesto revolucionario en toda regla, y os contamos por qué.

Nos para la policía, un señor muy sonriente, y nada, nos dice que íbamos muy rápido, nos pide los papeles del coche y el carnet de conducir. A continuación, te pide que le acompañes a su garita y hace como que empieza a rellenar unos papeles mientras te da conversación: “¿Españoles? ¿De dónde? ¿Madrid? ¿Barcelona? Muy bien… bueno, tenéis que ir con cuidado, que aquí se viene a pasar un buen rato, y no a que te pongan multas…” Y nosotros “claro, claro”.

Total, que nos pide 300 dh (unos 30€) y nosotros ponemos cara de “jo, cuánta pasta, qué movida”. Total, que el tío, que era un cachondo, al final nos dice que bueno, que le demos 200 dh (unos 20€) y estamos en paz. Se los damos, le decimos si nos da un papelito de esos oficiales con su sello de que nos ha multado y nos dice que no, que ya está todo solucionado, que nos vayamos.

En resumen: que el tío se quedó el dinero para ir al cine o para lo que le diera la gana, pero ese dinero no fue a parar a a las arcas del estado Marroquí. No había ningún documento en el que se registrase que nos habían multado, y el policía ni siquiera apuntó nuestro nombre, nuestra matrícula, número de pasaporte o algo por el estilo. Por no hablar de que las multas no se negocian, tienen el precio que tienen y ya está.

Vamos, que nos multaron por pardillos, porque para ellos un turista es una persona fácilmente estafable y un banco con patas. Es posible que si nos hubieramos puesto firmes nos hubiéramos podido librar, quién sabe, pero la verdad que no me apetecía averiguarlo. Llamadme loca, pero en un país donde no se respetan al 100% los derechos humanos no me apetece ponerme a discutir con un policía, me siento muy insegura. El caso es que quizás, y sólo quizás, si nos hubiéramos empeñado en que nos multara de forma “oficial”, es decir, que nos diera nuestro resguardo como debe ser, el tío habría pasado del tema. O quizás incluso te habría multado con una cantidad mayor, pero al menos no se la podría meter en el bolsillo. En fin, nunca se sabe.

De todas formas, y para que no os asustéis, debemos añadir que el episodio no fue violento ni incómodo, como os decimos, el tío era un cachondo que sólo quería sacarse unos dirhams, no tiene más. Ahora bien, esto no quita que te de mucha rabia ser estafado y, al fin y al cabo, contrubiur a engrasar la maquinaria de la corrupción, que es al fin y al cabo lo que estás haciendo cada vez que pagas una multa-no-multa.

La estafa del que te acompaña al hotel

Esta es otra de las estafas más comunes, y por eso, nos dio una rabia infinita haberla sufrido, porque te sientes como el máximo pardillo que parece que nunca ha salido de su casa y es la primera vez que viaja.

A lo que íbamos: como ya hemos dicho, en Marruecos la gente se ofrece constantemente a llevarte a los sitios, y no digamos si te ven con maletas. El “¿en qué hotel está?” se oye cada cinco minutos de boca de personas que quieren acompañarte al hotel. En Fez, después de comprobar que no podíamos llegar con el coche hasta nuestro hotel (no se puede conducir dentro de la Medina), lo hicimos: pagamos a un señor para que nos llevara a las maletas hasta el hotel, y lo más importante, para que nos ayudara a llegar hasta allí. Y MENOS MAL que lo hicimos, porque la Medina de Fez es un absoluto laberinto imposible de descifrar para un turista, tiene más de 9.000 callejuelas… en serio, una locura. Total, que pagamos a un señor mayor que amabilísimamente cargó con nuestras meletas en una carretilla y nos llevó hasta la misma puerta de nuestro Riad. Todo por 40 dh (4 €) un precio más que justo y que, por supuesto, pagamos con gusto. “Gran elección, en Marrakech haremos lo mismo”, pensamos.

Así pues, animados por nuestra buena experiencia en Fez, y creyendo que la Medina de Marrakech iba a ser tan laberíntica como la anterior (que no lo es), decidimos hacer lo mismo. Para contaros esta historia, primero os vamos a contar exactamente cómo se sucedieron los acontecimientos, y luego pondremos las conclusiones que hemos sacado:

Llegamos a Marrakech en coche, con un tráfico HORRBILE: gente cruzándose andando por todas partes, coches en sentido contrario, burros por la carretera, calesas de caballos, calles cortadas, niños corriendo por la carretera y otros tantos patinando… en fin, un agobio considerable. Quizás influyera que era viernes. Además, y para más inri, el GPS no terminaba de encontrar el parking que el dueño del Riad en el que nos alojábamos nos había dicho que era el que mejor nos quedaba. Vamos, que dimos una cuantas vueltas.

Puerta azul de Chaouen, Marruecos

Total, que llegamos por fin al parking como a las 21:00 horas. Nada más llegar, no habíamos ni dejado el coche, se nos echan encima dos o tres tíos ofreciéndonos aparcar ahí y preguntándonos dónde nos quedábamos. Decidimos aparcar el coche ahí, preguntamos el precio (70 dh), nos pareció un poco caro por una noche, pero por nada del mundo queríamos seguir conduciendo y buscar un nuevo parking, así que lo dejamos allí. Una vez aparcado el coche, se nos acerca un chico jovencito preguntándonos dónde nos quedábamos y ofreciéndose a acompañarnos. Como ya teníamos la buena experiencia de Fez y no sabíamos llegar a nuestro Riad, accedimos.

Le preguntamos cuánto nos cobraba por el servicio, pero nos dijo algo así como que ya hablaríamos de dinero (ERROR MAYÚSCULO EL NUESTRO POR NO HABERLE DICHO ENTONCES QUE ADIÓS, si no quiere decirte el precio, tienes que negarte. Fuimos tontos. No tiene más). Total, que coge nuestras maletas y vamos andando. Por el camino va dándonos conversación, que si a él le gusta el Real Madrid, que si acaba de ver el clásico, que de qué cuidad de España somos… Lo típico. Mientras tanto, hace una llamada con su teléfono que, por supuesto, no entendemos, porque es en árabe. A todo esto, él nos habla en inglés, porque supuestamente no entiende el español, aunque ahora, pasado el tiempo, creo que sí lo entendía. Para llegar hasta nuestro Riad, nos va metiendo por callejuelas muy oscuras y estrechas (las Medinas por la noche dan bastante mal rollo, la imagen es completamente diferente a la del día, por la noche todo cierra y aunque son seguras la sensación es un poco inquietante). Por el camino, en la calle paralela a nuestro Riad, intercambia un par de palabras con la gente que está en esa calle.

Justo al salir de esa calle me empieza a decir a mí que no le gusta nada esta zona, que es muy peligrosa. La zona, por poneros en contexto, era el centro de la Medina, donde están todos los turistas. Es por esto que yo empiezo a flipar un poco porque es la zona más turística de la ciudad. Él me dice que sobretodo no hable con nadie, que no me dirija a ninguna persona, que eso es muy importante. Y que el chico con el que acaba de hablar en la otra calle es muy peligroso, que siempre trae problemas. A mí me empieza a entrar todo el mal rollo. Tenéis que tener en cuenta lo que os he dicho: las Medinas son un sitio laberíntico, con calles muy oscuras y estrechas, del que no puedes salir si no conoces el camino. Además, crees que estás hablando con una persona que conoce la situación, con lo cual, te fías de él. Total, que me empieza a decir eso, que no le gusta nada esta zona, que es muy peligrosa. A continuación se para en seco y nos repite eso: que sobre todo no hablemos con nadie, que es muy muy peligroso. Después se pone a darnos referencias turísticas del rollo, para ir a este sitio tirad para quí (no para allí, eso es muy peligroso), y para volver al parking donde tenéis el coche, por aquí.

Total, que llegamos a la calle de nuestro Riad, una calle, como muchas de la Medina, estrecha, oscura, y solitaria. Al llegar hay en la puerta un chico que nuestro guía nos presenta como personal de seguridad del hotel. “Él está aquí 24 horas para que no os pase nada”, nos dice (lo que refuerza tu sensación de miedo). Y cuando ya hemos llegado al hotel, nos dice que es el momento de pagarles, y nos piden 200 dh (20 €) para cada uno, un precio desorbitado en Marruecos. Recordad que en Fez habíamos pagado 40 dh por el mismo servicio. Además, de que nosotros sólo habíamos “contratado” a una persona, no a dos.

Y claro, nosotros flipando, le decimos que eso es carísimo, que no teníamos ese dinero. Yo estaba acojonada, así de claro, no sólo porque me habían dicho que estaba en un sitio peligrosísimo en el que no debía hablar con nadie y donde tenía en la calle de al lado “a un chico que siempre trae problemas”, sino porque además tenía delante mío a dos personas que claramente me querían extorsionar, y claro, no sabía si ellos también formaban parte “de esa gente tan peligrosa”. Para completar el cuadro, justo detrás de ellos dos había, como apartados, otros tres o cuatro chicos apoyados en la pared que nos miraban fijamente. Yo no sabía si estaban compinchados con ellos o no, pero su presencia no me parecía casual.

Total, que yo lo estaba pasando fatal, y aunque era muy consciente de que el precio que me pedían no era justo (el chico te decía que sí, que ese era su trabajo, que era un trabajo real y que ese era el precio normal, que le ofendía que quisiéramos pagarle solo 70 dh), yo solo quería que se fueran, porque estaba muy asustada, así que les di el dinero y se fueron. A todo esto os preguntaréis “¿y por qué no entraron al hotel y punto?”. Buena pregunta. No entramos porque no abrían. Y no abrían porque los chicos estaban llamando a la manivela de madera que tenía la puerta, y eso en un Riad, que es enorme, pues no se oye. Sólo cuando les dimos el dinero ya llamaron al timbre (que, lógicamente, nosotros no habíamos visto antes, si no habríamos tocado), y fue entonces cuando nos abrieron.

Total, que les dimos el dinero y se fueron.Y nada, al entrar al Riad se lo contamos al dueño, que nos contó que, desgraciadamente era una estafa muy común, y que sí, que habíamos caído como tontos. También le preguntamos si era verdad que la Medina de Marrakech no era segura, y nos dijo que no, que era un sitio totalmente seguro, que simplemente dejaramos de ir regalando nuestro dinero por ahí y ya está. La verdad es que ahora lo cuentas y como si nada, pero qué queréis que os diga, como bienvenida a la ciudad, las he conocido mejores.

Lecciones aprendidas

Bueno, leído así, parecemos los máximos pardillos del universo (así nos sentimos ahora), pero tenéis que tener en cuenta la situación: estás en un sitio que no conoces, en un lugar del que, aunque quisieras, no sabrías salir, y un fulano te acaba de decir que estás en medio de un sitio peligrosísimo. Para colmo, te ha dicho que no hables con nadie, con lo cual, has descartado la idea de pedir ayuda. Además, aunque la persona que te está pidiendo una cantidad exorbitante de dinero no ha tenido malas formas (no te ha pegado ni te ha amenazado físicamente, simplemente te está pidiendo que le pagues lo que él considera que es “justo”), tampoco sabes si es un hijo de puta que te va a sacar una navaja.

En fin, que con la mente reposada se ven fácil las cosas, pero en ese momento lo pasas MUY mal, aunque sin duda, si ahora se repitiera la escena, actuaría de una forma muy distinta. En definitiva, aprendimos que cometimos varios errores:

  • Nuestro principal error que no acordar con él un precio previo. Cuando nos dijo “ya hablaremos del dinero”, tendríamos que haberle dicho que no nos llevase, pero el acoso por parte de los cazaturistas era tal que sólo queríamos marcharnos de allí. Además, en esa fase de la estafa el chico era muy simpático y parecía bastante buena gente, no pensabas que te fuera a estafar. Y además, están organizados, actúan en grupo, y forman como un coro alrededor tuyo para convencerte de que te vayas con ellos. Pero vamos, que tenedlo en cuenta: exigidle un precio antes de nada. Aunque bueno, también es cierto que te pueden dar un precio inicial y luego pedirte otra cosa en el momento, nunca se sabe…

  • Nuestro segundo gran error fue, sencillamente, darle el dinero. Al final, este tipo de estafas son un tira y afloja de a ver quién cede primero. Si les hubiéramos dicho “mira, tenemos 70 dh y eso es lo que te vamos a dar, o coges esto o no coges nada”, pues ahí se habría acabado el asunto. Pero tienes que mantenerte firme, porque en el momento que saben que tienes el dinero o te ven dudar, entonces estás perdido. Además saben que tienes miedo (ya se han molestado ellos de infundirtelo para preparar el terreno) y juegan con eso. Pero al final, y razionalizando la situación, estábamos en un sitio seguro y en la misma puerta del hotel, no nos habrían hecho nada. Porque esta gente, en el fondo, sólo quiere el dinero, no quiere problemas y por eso no te van a hacer nada, porque la policía marroquí no se anda con chiquitas.

  • No recurrimos a la policía. Este es un as en la manga sobre el que yo había leído y que mi bloqueo mental me impidó utilizar. En principio, en esas situaciones, y según leí en nuestra guía, sólo con nombrar a la brigada turística debería bastar para que se terminase el problema, pero yo estaba tan agobiada que se me olvidó por completo. La próxima vez, sin duda, no permitiré que me metan en el cuerpo un miedo que no existe, y si veo que lo intentan, les diré que voy a ir a la policía. Como os digo, en principio, solo el nombrarles debería terminar el asunto, porque en los últimos años se han multiplicado las sanciones que la policía ha puesto por este tipo de prácticas, penándolas incluso con años de cárcel. Así que, pensándolo bien, pues claro que el chico no quería exponerse a la cárcel, simplemente quería sacarte el dinero, y nosotros se lo pusimos muy pero que muy fácil. Pero vamos, que pensar de esta forma parece muy fácil cuando no tienes la situación delante.

  • Una forma de evitar la estafa del chico que te llava a tu Riad es, sencillamente, alojarte fuera de la Medina. Fuera de la Medina las calles son muuuucho más fáciles de encontrar. Aunque esto lo diría principalmente para Fez (que es justo donde no nos estafaron), porque la Medina de Marrakech es, en realidad, más fácil de manejar. El problema es que, quedándoos fuera de la Medina, os perderéis la experiencia de los Riads, que valen mucho la pena y son de lo mejor del viaje (si queréis saber en los que nos quedamos nosotros escribidnos a hola@destinazos.com). En fin, ¡que tenéis para pensar!

  • También es importante añadir que en muchos Riads y hoteles son conscientes de esta estafa, y por eso te ofrecen la posibilidad de ir ellos mismos a buscarte. En principio, si les llamas cuando estéis llegando y quedáis en un punto, ellos mismos te llevarán el hotel y así te olvidas de intermediarios.

Marrakech, capital de la estafa

Quizás porque estábamos fuertamente condicionados con la primera estafa que sufrimos y que sirvió para darnos la bienvenida a la ciudad, o quizás porque pasamos más tiempo aquí que en otros sitios, pero lo cierto es que notamos que esas ganas de estafar, o de “meterte la anchoa” eran en Marrakech considerablemente mayores que en otras ciudades. Esto vendría explicado, supongo, porque es de las ciudades más turísticas de Marruecos. De verdad que nos duele mucho hablar así, pero creemos que es necesario. Estaremos encantados de volver en unos años a Marrakech y comprobar que las cosas han cambiado. Ojalá sea así.

En general, y a riesgo de, como os dijimos antes, ser bordes con quien no se lo merece, nosotros os aconsejaríamos ignorar a quien empieza a hablaros en español y os indica cómo ir a los sitios sin que siquiera os hayáis dirigido a él. Nos pasó más de una vez que íbamos andando tranquilamente por la calle buscando un punto de interés y gente que estaba ahí en la calle como esperándote nos decían que íbamos en la dirección equivocada, que era justo en sentido opuesto, cuando era mentira e íbamos bien encaminados. Supongo que lo que querrían era acompañarnos ellos, darte una vuelta absurda y después cobrarte por los servicios.

La brigada turística

Precisamente por todos los problemas que acabamos de citar, Marruecos puso en marcha hace unos años la brigada turística. En principio, y según hemos leído, ahora la cosa ha cambiado mucho y ya no te persiguen o te intentan estafar como antes. Nosotros no llegamos a utilizar nunca los servicios de la policía turística, así que no podemos hablar por experiencia propia de cuál es su eficacia, pero según hemos leído en distintos foros de Internet, al parecer se toman bastante interés con las denuncias de los turistas. Se supone que cuando tengáis algún problema de este tipo, con citar a la brigada turística debería bastar para que se resuelva, pero repetimos, se supone… Nosotros no lo hemos comprobado. En Marrakech tenéis una oficina de la brigada en pleno centro de la Medina, en la plaza Jemaa-el-Fna, y su teléfono, por si tenéis alguna emergencia, es el 05 24 38 46 01